14.10.08

Entre la gitanería y la inmolación

Foto: revista El Gráfico Perú

Aunque el partido contra Paraguay de este miércoles tenga aroma a suplicio anticipado, es en el Defensores del Chaco donde la selección ha sabido mostrar una de sus facetas más características: la de la gitanería.

Fotos: revista El Gráfico Perú

La lógica diría que a Perú le toca perder, y feo, este miércoles. A saber: i) Juega contra el mejor equipo de la Eliminatoria, que parece capaz de ganarle a cualquiera; ii) ha perdido todos sus partidos de visita, casi siempre por goleada; iii) este no es el Paraguay de Chilavert, que en medio de su ímpetu ganador lo hacía pecar por soberbia en circunstancias como estas, sino el de Martino, un argentino humilde como pocos; iv) este es el Perú de Del Solar, un técnico cuyas lecturas tácticas han lindado con lo bisoño en circunstancias previsibles; v) es un partido del primero contra el último, del gato contra el ratón.

Pereda al ataque en el Defensores del Chaco por las Eliminatorias rumbo a Francia '98 (Foto: revista El Gráfico Perú)Pero así como lo anterior es archiconocido, también lo es que el fútbol peruano es gitano. Gitano incluso en estas circunstancias de podredumbre dirigencial, en las cuales -por ejemplo- se consiguió una clasificación a un Mundial juvenil para cumplir un papel decoroso sin que existiera una planificación de por medio. O una goleada sobre Uruguay cuando un empate parecía tarea titánica. O un empate sobre Brasil cuando la derrota sonaba cantada.

Asimismo, la historia cuenta que el Defensores del Chaco ha visto elevada al clímax esta dimensión gitana. Compárense por ejemplo los partidos eliminatorios de 1993 y de 1997, jugados en dos circunstancias diametralmente opuestas. El primero, en la sima de la era Popovic y luego de dos derrotas en casa, con un equipo repudiado por la maquinaria mediática. El segundo, en el pico de las emociones de la era Oblitas, luego de un triunfo ante Chile que había reenganchado a la afición. Los resultados, que son los que al final quedan en los registros, coincidieron: 2-1, con todos los goles en los primeros tiempos para caer -con mucha lucha de por medio- en los segundos. Una vez anotó el propio 'Chemo' de penal, la otra Pereda en una buena culminación; pero en ambos casos a los guaraníes les fue muy trabajoso labrar la victoria.

Del Solar en acción durante la ominosa goleada 5-1 de noviembre de 2000 (Foto: revista El Gráfico Perú)Claro, si de pesadillas se trata se puede evocar el partido de noviembre de 2000. Aquella vez que Perú llegaba como ahora, de perder contra Bolivia jugando horrible, aunque -hay que decirlo- al menos esta vez lo ha hecho con jugadores que tienen clubes y no con algunos inactivos, como sucedió entonces con Alfredo Carmona (Uribe copyright, se sobreentiende). Pese a ello, había suficiente conciencia en las horas previas para desplegar fotos de Darío Muchotrigo y el 'Chino' Pereda amedrentando a una estatuilla de Chilavert, bajo el lema de que ellos ya sabían anotarle. Claro, Chilavert más bien anotó uno de penal, 'Chemo' metió un autogol y al final el inesperado 5-1 desencadenó lo mismo de siempre: portadas negras, pedidos de renuncia y más barullo que se acaba al domingo siguiente con la fecha próxima del Clausura.

Los positivos y los que todavía ven a Ricardo Belmont, en cambio, preferirán recordar la última Eliminatoria, cuando otra vez se había perdido contra Bolivia -y contra Botero-, jugando aun más horrible y con presagios de repetir el plato. Paredes hizo lo mismo de siempre: un gol antes de los 15', y todo cerraba. Pero más se cerró la defensa peruana, tanto que forzó un penal en el área rival que Solano capitalizó y hasta tuvo todo para ganarla de contra en aquel inolvidable balón que Guerrero no pudo conectar en el segundo final del partido. Empate 1-1 de esos con sabor a todo.

Guerrero en acción durante la última visita al Defensores del Chaco: empate 1-1 en 2004 (Foto: revista El Gráfico Perú)Archiconocido es, pues, que el fútbol no tiene lógica. Como no la tiene, los peruanos seguimos queriéndolo y viéndolo. Y como eso ocurre, es factible decir que este miércoles la gitanería puede jugar su propio partido.

Sí, claro, es tristísimo recurrir a ello para creer en que la historia de este miércoles no está preescrita. A lo mejor, ese vaivén pendular es de lo poco que le queda como esencia a un fútbol perdido en el marasmo del caos organizacional. Por lo que si más bien se da la lógica, podría empezar a decirse que el balompié peruano ya no es uno de gitanos, sino de los que pierden cuando saben que van a perder y de la forma en que saben que van a perder. Algo así como la Venezuela de los '90, por decirlo a las claras.

Que la vocación por la inmolación sea preferible a aquella por la gitanería es, más que una disyuntiva juzgable de modo contundente, un tema ampliamente discutible por los lectores, al menos para mitigar el post-partido.