27.11.07

Cómo así el fútbol no está muerto

Tras la debacle en Quito, no hubo mejor respuesta del auténtico fútbol peruano, ese que se juega domingo a domingo con la misma gente -poca, pero fiel- en las tribunas, que una fecha llena de emociones y buenos partidos. En tiempos en que cualquiera habla (mal y para mal) sobre fútbol, cabe rendir un reconocimiento a quienes lo mantienen vivo en el país.

Fotos: Gian Saldarriaga / DeChalaca.com

Durante los últimos días, el entorno del fútbol ha estado sujeto a una cantaleta acostumbrada para los últimos años: derrota estrepitosa, calificativos vergonzantes, dimes y diretes entre jugadores, viejas “glorias” en metódica labor de crítica, búsqueda de chivos expiatorios, videos dizque acusadores, ayayerismos y compadrazgos evocados por doquier, generalizaciones de rigor y el infaltable “que se vayan todos”. Claro, con la diferencia de que, esta vez, en el Perú efectivamente todos queremos que se vayan todos los que tienen que ver con la Federación Peruana de Fútbol, aunque eso a estas alturas ya caiga en la categoría de coro de misa.

Está dicho por esta página que cualquier hijo de vecino tiene perfecta legitimidad de vivir y consumir el fútbol como mejor le plazca. Por lo mismo, es válido que cualquiera que tenga una tribuna mediática pueda dedicar espacio en ella a hablar sobre la selección. Así para quienes sentimos el fútbol como algo esencial resulte regurgitante, por ejemplo, leer a periodistas políticos opinando superficial y biliosamente sobre planteamientos de juego; Los De Oriente, barra aliancista que es un ejemplo de cómo gente con sólida formación universitaria e importante desarrollo profesional puede volcarse semana a semana a los estadios a apasionarse con el fútbol (Foto: Martín Velásquez / DeChalaca.com)a plurifacéticos cronistas que con honestidad reconocen jamás haber pateado una pelota lanzando recomendaciones acerca de cómo terminar con el fútbol definitivamente; o a la industria de la estupidez farandulera exigiendo a la prensa deportiva investigaciones policiacas en lobbies de hoteles.

Todos ellos están en su derecho, y nosotros en el de no hacerles caso. También nosotros estamos en el derecho de alegrarnos al ver cómo luego de un desastre como el de Ecuador, el Torneo Clausura respondió con una emocionante jornada de fin de semana, la mejor de las 19 fechas que lleva de disputa.

Sin duda, de esas otras orillas surgirán las voces que califican de mediocres a quienes siguen el torneo local o aplauden el nivel de los partidos que en él se juegan cuando el que se disputa en Europa es superior. No faltarán los que digan que toda la prensa deportiva es bullanguera porque ensalza ídolos en partidos como estos o construye titulares rimbombantes y exagerados. Hay parte de cierto: estamos en un medio en el que la fufulla vende y varios siguen ese camino. La Trinchera Norte llegó en masa a Matute y demostró que sin violencia puede alentarse a rabiar al equipo de los amores en un clásico en la cancha rival (Foto: Martín Velásquez / DeChalaca.com)

Pero al auténtico hincha del fútbol, al que sabe analizar un partido y no se deja llevar por lo que le dice una carátula, nadie puede darle gato por liebre. En lo que concierne a DeChalaca.com, que es lo que nos compete, podemos decir con tranquilidad que, durante los cinco meses de fase de incubación que lleva, cuando un partido ha sido malo en su contexto particular, lo hemos calificado como tal, y cuando ha sido bueno, como este fin de semana, ha tocado aplaudirlo. Quienes aquí escribimos creemos tener un solo carácter que nos facilita esa tarea: saber disfrutar igual de un Brasil-Italia por el Mundial, un Boca-Sao Paulo por la Libertadores, un Alianza-Universitario por el torneo local, un Atlético Minero-Hijos de Acosvinchos por la Segunda o un Franciscano San Román-Diablos Rojos por la Copa Perú.

Y por que existe gente que sí sabe vivir el fútbol, es que este no muere cuando te humillan 5-1. Porque al clásico se temió que nadie fuera, pero el Comando y la Trinchera llegaron a Matute y pusieron colorido a la tarde. Ante ese marco, los equipos se esforzaron y regalaron un partido que como mejor prueba de que agradó a todos dejó el hecho de que el público saliera satisfecho del estadio pese a que el resultado perjudicó a íntimos y a merengues. Probó también la tarde que cuando la Policía Nacional tiene ganas de trabajar bien, no es necesario llevarse clásicos a Chimbote para provocar la ocurrencia de muertes absurdas. Pese a los desatinos de su dirigencia, la Banda del Basurero llegó al Monumental para el partido contra San Martín (Foto: echamuni.net)El día que se entienda que en las barras coexiste todo tipo de gente y que los violentos son un grupo específico de caras conocidas que siempre van con ganas de armar desmanes y hasta cambian de camiseta entre tribunas para delinquir, se habrá dado un gran paso. Pero vejar por eso a los hinchas que caminan decenas de cuadras para ahorrarse el pasaje y llegar al estadio a depositar su dinero en las boleterías es, también y relativamente, un absurdo. Y que mil de esos hinchas se queden fuera de Sur con entrada en mano, un cachetazo a la demanda de un negocio que ya es reducida de por sí.

A los miembros de la Banda del Basurero, por ejemplo, les avisaron con menos de 24 horas de anticipación que su equipo no jugaría el domingo sino el sábado. Sin duda, ello no sorprende de la incapaz directiva de Silvestri Somontes, que anunció un partido (contra Boys) en un estadio que estaba alquilado para otro evento, se enteró de ello el mismo día y luego lo reprogramó en plena Eliminatoria y en horario nocturno, para pagar el costo del alumbrado con el dinero que sus arcas
no tienen. Pero a la Banda eso no le importó porque ella sigue a su equipo aun con el estadio cerrado, y llegó al Monumental para espectar los mejores 45 minutos de fútbol en lo que va del Clausura en un infartante 2-2 contra la San Martín.

Boys y Áncash en horario matinal impropio para el Callao, pero igualmente con banderas de ambos clubes en las tribunas (Foto: juventudrosada.blogspot.com)O qué decir de los hinchas de la Juventud Rosada, de un pueblo fiestero si los hay como el Callao, para quienes despertarse a las 11 de la mañana un domingo cuando su equipo lleva una rueda sin ganar tiene sabor a cebiche mañanero malo. Pero en el Grau estuvieron las banderas, y hasta también las de los hinchas del Áncash, maltratados por su presidente-congresista con la amenaza frecuente de llevarse al equipo fuera deHuaraz cuando sus tasas de asistencia al estadio son de las mejores de las últimas tres temporadas. Montaño y Carrillo se encargaron de poner la cuota de distinción y emoción que justificó el adelanto en el despertador.

Por eso, en medio de tanto maltrato, vaya desde acá el reconocimiento al hincha verdadero, que es el que con su dinero y aliento mantiene encendida esta fiesta en partidos como los de este fin de semana, y no necesita ponerse camisetas brasileñas o portar al estadio camaritas como las de Burga -que al fin y al cabo termina siendo un presidente de Federación digno de los turistas del fútbol- para disfrutar del juego más hermoso del mundo. A esa gente, a la que un 5-1 en contra, más que facilitarle el discurso viperino, le lacera el alma, el fútbol peruano le debe la vida.

17.11.07

Los verás volver

Desde que el sistema eliminatorio ha obligado a Brasil a recalar en Lima cada cierto número de años, la ciudad espera el partido como si se tratara del concierto de moda. Para el hincha peruano, no existen muchas diferencias prácticas entre ir a ver al ‘Scratch’ al Monumental y a Soda Stereo al Nacional, y ello también guarda relación con el destino de la selección.

Composición fotográfica: Gian Saldarriaga / DeChalaca.com

Para partir de una referencia numérica futbolera, lístense 11 canciones del -subjetividad pura del autor- mejor grupo de la historia del rock en castellano con el fin de ilustrar por qué Lima es una muy mala plaza para que una selección juegue como local un partido eliminatorio ante Brasil.

1. En la ciudad de la furia. Si usted se siente geográficamente ubicado así, es seguro que no está leyendo estas líneas en la capital peruana. La furia es una noción alejada de una tribuna que va al aeropuerto a recibir con loas al rival del fin de semana. Nadie pretende que el hincha peruano sea el uruguayo que no deja dormir a los australianos haciendo bulla toda la noche fuera del hotel donde se alojan; pero una cosa es el juego limpio y otra el juego tonto. En sus caras veo el temor, piensa para sí Ronaldinho cuando ríe.

Ronaldinho arribando al Jorge Chávez en medio de las estupefactas miradas del público peruano (Foto: EFE)2. Lo que sangra (la cúpula). Cerati, Bosio y Alberti son la cúpula del micrófono, ‘Dinho’, Kaká y Robinho lo son de esta versión del ‘Scratch’. Como Didí lo fue en 1957, Rivaldo en 2000 o Ronaldo en 2003. De todos ellos, solo el ‘Gordinho’ se fue hostilizado de Lima en la pasada Eliminatoria, de un Monumental que urdió todo tipo de formas córneas con las manos sobre la cabeza para recordar los problemas conyugales del astro. Pero como con Claudio Caniggia en las Eliminatorias del ’96, el hostigamiento tenía raíz farandulera, chismográfica, de revista de peluquería; de quienes creen conocer ese lugar donde revientan las estrellas y no de gente de fútbol.

3. Persiana americana. A Brasil, el Perú lo percibe fuera de foco. Inalcanzable. Irreversible. Casi intocable. Y es preferible dejarlo allí porque la pleitesía que se rinde a la camiseta verdeamarelha en el medio bien haría que muchos turistas del Monumental quisieran proseguir con lo que viene en el estribillo. Esta es la semana en que los amigos te llaman al celular para preguntarte si vas a ir a entrevistar a algún brasileño a su concentración para ver si es posible acompañarte. Quizá alguno de ellos aspire a tomarse una foto con Cafú -bien tranquilo en su casa de Roma, ya retirado del ‘Scratch’-, como las señoras que este sábado por la mañana mostraba la televisión en el lobby del Swissotel.

Por alguna razón, el ambiente que recibe siempre a Brasil en Lima es festivo, y no hostil como contra otras selecciones (Recorte: Don Balón Internacional Edición Perú, Nº 8 p. 1)4. Sobredosis de TV. Es posible entender que varios de los compañeros de trabajo en esta página pertenezcan a una generación que empezó a ver fútbol con un reloj con el tiempo de juego en la pantalla, y por tanto no estén acostumbrados a portar cronómetro al estadio. Pero es insoportable que en el Monumental, como ocurrió en 2003, haya quienes pregunten por qué se dan cuatro minutos de descuento si el balón estuvo fuera del campo más de 15’. O que se molesten porque el tablero electrónico no muestre la repetición de las jugadas. Apágalo, enciéndelo. No se cree poder resistir un aire demasiado tenso, aunque habrá que sufrirlo este domingo.

5. Signos. Caras pintadas de blanco y rojo. Merchandising ofrecido por doquier. Polos “Te amo Perú” inmortalizados por el ‘Chorri’. Parafernalia de todos los tipos y precios para vivir el gran partido del domingo. Pero como en muchos estamentos de esta descoordinada sociedad, no hay un modo. No hay un punto exacto. Para estos eventos el hincha peruano da todo y siempre se guarda algo: la garganta.

La masiva presencia femenina en las tribunas es una nota característica de los Perú-Brasil en Lima (Recorte: El Gráfico Perú, Nº69 p. 19)6. Mi novia tiene bíceps. Típico domingo con inusual presencia femenina en la tribuna. Y aunque no haya mejor noticia visual para quien acude domingo a domingo a toparse con los mismos vendedores de cigarrillos y canchita, algo falla en el modelo cuando las hinchas solo calientan el asiento y no el ambiente. La selección requiere que se crean superniñas, de esas con las que hay que tener mucho ojo con lo que se les dice. Para este tipo de partidos, el paradigma femenino en la tribuna por seguir en la tribuna debería ser el de las tías Pocha o Kika de la barra del Boys. O el de las robustas señoras de la barra del Hijos de Acosvinchos, que no escatiman legumbres verbales o referencias a la ascendencia familiar. Cuerazos.

7. Te hacen falta vitaminas. Por alguna razón, las fotos que evocan los choques con Brasil en Eliminatorias pasadas guardan un patrón uniforme. Es ‘Vides’ Mosquera escabulléndose ante el corpulento Djalma Santos. Jayo y Zúñiga haciendo fuerza para contener a un aplanador Rivaldo. Ciurlizza exigiendo a sus piernas cortas para frenar a Kaká. Biotipo, le dicen en el mundo del fútbol civilizado. Dando vueltas por la cancha (a veces sin sentido), esperando algún milagro sin que pase nada, Perú es, desde la alineación misma, de una forma frente a Brasil: chiquito.

8. Imágenes retro. Casi como para renegar de lo anterior, si algo muy recordable ostenta Perú frente a Brasil es una jugada: Guillermo Salas, pigmeo como él solo, lanzando un centro para el testarazo de Solano (Fuente: You Tube - América Televisión / Usuario: XPeedy).

Si hubiera existido Internet en 1953, téngase por seguro que el remate desde 35 metros de Luis Navarrete sería mucho más famoso. Pero para la tribuna que mañana pueble el Monumental, lo más seguro es que Navarrete sea un álbum y Salas el chiquitín que nadie entiende qué hará marcando a Robinho. Quiérase que este domingo, más que un museo de cera, su actuación signifique un simulacro demasiado real de hace cuatro años.

9. Primavera cero. Un primer perfil del hincha peruano de cara al partido es el de quienes alquilan el empate sin goles con anticipación. “Es un buen resultado”, frase baúl. Ciertamente, sería poco juicioso afirmar lo contrario en la coyuntura actual del fútbol peruano; pero la falta de ambición en condición de local es imperdonable. Recuerdos del futuro juntos, goles suenan a la distancia: solo cabe apuntar, desde la estadística objetiva, que desde que Brasil participa en Eliminatorias todos contra todos (los últimos dos procesos), ya ha perdido en Asunción, Santiago, Quito, Montevideo, Buenos Aires y La Paz. Como para pegarse un viaje por Lima, la horrible.

10. Trátame suavemente. Un segundo perfil de hincha lo conforman quienes casi en actitud de súplica aguardan que mañana no haya que caminar de regreso desde el Monumental en medio de lamentos de una goleada catastrófica. Nueva estadística: en las dos últimas Eliminatorias, Brasil solo goleó de visita a Venezuela (0-6 en 2000 y 2-5 en 2004, ambas en Maracaibo). Como fuere, muchos prefieren comprar su boleto con la cabeza gacha, casi asumiendo que el ‘Scratch’ se comporta de acuerdo con lo que le dicta cada momento, en una inconstancia que no es algo heroico sino más bien algo enfermo (del jogo bonito).

Por eso, el hincha está dispuesto a recordar con el paso de los años simples jugadas improductivas de mediocampo como el sombrerito que Jorge Soto le hizo a Roberto Carlos en 2000 (Fuente: You Tube - Panamericana Televisión / Usuario: maestri09), aunque cinco años antes el ‘Camello’ hubiera correteado 40 metros al lateral brasileño sin poder quitarle el balón en la Copa América de Uruguay -jugada que, por cierto, terminó en gol de Edmundo-.

11. Cuando pase el temblor. La caminata de salida del Monumental siempre es larga y pesada. Tortuosa, máxime cuando se acompaña de una grieta en el corazón y rodeado de un planeta de desilusión. Pero luego de jugar con Brasil, reina una sensación de quietud única. Pasmosa. Acaso porque el perfil de hincha que camina por las calles de Ate obedece a alguno de los descritos en los dos puntos anteriores. Acaso porque muchos de ellos pisaron esa tarde por primera vez un estadio. A lo mejor, porque no son gente de fútbol. ¿La 'Torcida' de local en Lima? El 2000, los brasileños parecieron gritar más que Perú en el Nacional (Recorte: El Gráfico Perú Nº 69, p. 10) En una economía que se rige por las leyes del libre mercado, es perfectamente válido que cualquiera que pueda pagar entre S/.25 y S/.200 (en 2000 y 2003 oscilaron entre S/.30 y S/.250) compre su boleto, vaya al estadio y consuma el producto fútbol como mejor le venga en gana. Así como el 8 de diciembre, al Nacional muchos irán a ver a Soda sin saber más que algún corito, literalmente, de música ligera. Esta sociedad es, por antonomasia, posera.

Con ello y todo, este artículo no pretende renegar de la teoría de los derechos del consumidor. Hace algunas semanas, cuando la reelección de Manuel Burga, un periodista político dijo en televisión que el barullo armado alrededor del tema obedecía a que el fútbol era “la cosa más importante de las cosas que no importan”. Pues bien, esta página web está hecha por personas para quienes el fútbol es la cosa más importante de las cosas que sí importan. Por ello, estas líneas quieren concluir a pocas horas del Perú-Brasil con un único mensaje: a quienes respiramos fútbol, los turistas eliminatorios del Monumental nos caen, por decir lo menos, pésimo.

30.10.07

Ese 'Chorri' al que se quiere tanto

Roberto Carlos Palacios Mestas (Lima, 28 de diciembre de 1972) escribió el último fin de semana una nueva página de éxito en una foja de servicios llena de emociones que no son solo de color celeste. El ídolo dijo presente otra vez, y con eso recordó la obligación que tiene el entorno del fútbol de respetar los escasos símbolos de los cuales dispone.

Fotos: terra.com.pe, libro 'Club Sporting Cristal: 50 años de historia celeste'

Hace menos de un mes, en la explanada del estadio San Martín de Porres, Roberto Palacios era uno de los últimos jugadores en salir del camarín de Sporting Cristal luego de la victoria 2-0 sobre Sport Áncash. Un poco por la avanzada hora y otro tanto porque los protagonistas de la tarde habían sido otros, al ‘Chorri’, como nunca, no lo acosaba ningún micrófono o cámara.

DeChalaca.com interceptó en ese momento a Palacios y sin mayores preámbulos lo acometió con una pregunta directa: -Hola ‘Chorri’, una duda, ¿desde cuándo no metes un gol de cabeza? El volante recibió la excéntrica interrogante con la sorpresa propia de la estrella acostumbrada al clásico “¿cómo te sientes luego de la victoria?” reporteril. Luego de que los redactores de esta página se apresuraran en aclarar que la consulta obedecía a que durante el partido ante los ancashinos se lo había visto cabecear inusualmente hasta tres veces con peligro sobre el arco de Harold Quiroz, el ‘Chorri’ respondió: -“Jugando acá no recuerdo casi ninguno. Pero los últimos fueron en Ecuador, en un partido contra el Olmedo”.

Setiembre de 2001: Como en 1994, Unión Minas otra vez presente en el destino del 'Chorri', cuando le marcó su primer tanto en su primer regreso a Cristal luego de cinco años de ausencia (Recorte: El Bocón, 01/10/01 p. 14)   Así quedó registrado en el artículo correspondiente, aunque 13 años no pasan en vano para cualquier memoria, sea de futbolista o periodista: evocado el dato, más de un acérrimo hincha celeste habrá recordado esa tarde frente a Unión Minas en octubre de 1994 cuando un testarazo de Palacios sombreó a Dionisio Gil y les dio a los rimenses un empate que les valió el primero de los tres títulos nacionales del mejor ciclo de su historia. Valga la magia del video para salvar el olvido; pero, por fortuna para el fútbol, aún no ha llegado el tiempo de que
el ‘Chorri’ haga vivir a la afición solo de recuerdos.

Por eso, cuando el último sábado Palacios definió de cabeza un clásico que la ‘U’ bien pudo inclinar hacia su lado, las sonrisas no solo despertaron del lado rimense. A ese chorrillano que se sacó una vez más en su carrera la camiseta, la blandió por los aires y se ganó por eso una amarilla en el Perú lo quieren casi todos, así el polo que ese día vestía debajo ya no fuera rojo en honor del país ni dijera que amaba a este. Era la vuelta al ruedo de un símbolo, el nuevo renacer de uno de esos jugadores sobre los que algún día uno hablará a los nietos con tono a leyenda para contarles que uno estuvo en el estadio el día que el ‘Chorri’ hizo un gol que podría, quién sabe, comenzar a salvar la peor campaña de la historia de su querido Sporting Cristal.

Julio de 2004: El 'Chorri' en su faceta salvadora de partidos y portadas luego de su golazo a Bolivia en la Copa América (Recorte: El Gráfico Perú, Nº 237 p. 1) Palacios es, por antonomasia, el ídolo hecho a la medida del hincha peruano. Esmirriado, calladito, de bigote incipiente aun bien pasados los 30, humilde como el personaje que lo caracteriza en el Especial del Humor cada sábado por la noche. Es el ‘Chorri’, “mano”, el jugador al que el ciudadano de a pie siempre querrá que le concedan una oportunidad y que, en solo cuatro días, ha pasado de ser condenado al asilo en cada artículo que se escribía sobre la oscura campaña celeste a ocupar populistas titulares que lo ponen con un pie en el once que enfrentará a Brasil el próximo 17 de noviembre.

Opiniones al respecto hay muchas y para intercambiar pizarras con 'Chemo’ del Solar existen otros espacios. Por acá, solo merece al respecto apuntar que hace poco más de tres años, a finales de marzo de 2004, cuando Perú cayó 0-2 en Lima frente a Colombia por las anteriores Eliminatorias, la amarga salida del estadio Nacional podía acompañarse como fondo por la voz de un locutor radial que con tono de máxima categórica decía: “Ha llegado el momento, señor Roberto Palacios, de decirle muchas gracias por los servicios prestados y a su casa se ha dicho”. Quien suscribe recuerda haber mirado con rabia a aquel gordito barbón faltoso y solo haber tenido su despreciable imagen en la mente una vez más hasta el último sábado:
cuando solo tres meses después de ese partido con Colombia, el ‘Chorri’ sombreó a dos bolivianos en el arco Sur del mismo Nacional y bailó marinera con 45 mil almas en la apertura de la Copa América
de 2004.

Ese gol explica por sí sola una de las tres inonimias que el apellido Palacios implica para una generación de hinchas peruanos: el juego elegante que dizque el fútbol de este país ha acuñado a lo largo de la historia. Las otras dos bien pueden ser explicadas por los sendos tantos que acompañan al anterior en el video que complementa estas líneas (Fuente: You Tube / Usuario: teamblancoyrojo): el inevitable carácter mesiánico de cualquier héroe enfundado en colores blanco y rojo, como cuando le convirtió a Venezuela para definir un partido agónico en 2000, y la audacia vestida de amor patrio que un pequeño sacó de la galera para clavarle una estaca al gigante Chilavert en su vértice superior izquierdo al inicio de esa misma Eliminatoria.

Aquel ‘Chorri’ de las imágenes ya no era el mismo de los largos remates desde fuera del área de los noventa. Como ahora, cuando emplea la cabeza para gritar gol, tampoco es el jugador de hace un lustro. Es, sin embargo, el tipo de ícono que el fútbol de este país necesita para volverse un producto creíble para sus consumidores. Si hace un año al Clausura le daban vida el espíritu guerrero de Jorge Amado Nunes y sus victorias sobre el rival de siempre, a este campeonato en el que hasta el descenso parece una norma sin piso nada le viene mejor que la resurrección del juego de uno de sus jugadores de mayor nombradía para regalarle interés y expectativa en las tribunas.

Una vez más, Palacios devuelto al ruedo de las grabadoras y micrófonos post partido (Foto: Martín Velásquez / DeChalaca.com)Por todo eso, la lectura es contundente: al ídolo hay que cuidarlo y respetarlo cual reliquia arqueológica. Se puede opinar que no es adecuado que lo convoquen a la selección o sea titular en su club, pero jamás retirarlo o enviarlo a sus cuarteles de invierno. Aunque quizá sea prematuro afirmarlo, es posible que Palacios en poco tiempo pase a ser una especie de “nuevo Cueto” que llenará estadios en partidos de exhibición a la sola mención de su apellido pese a haber compartido generación con jugadores que llegaron a ligas internacionales más renombradas. Cuando siga siendo el personaje que siempre concederá una entrevista de buena gana e incluso, como ocurrió el sábado, rompa él mismo el protocolo del departamento de prensa de su club para buscar a los medios y compartir su alegría -al borde de las lágrimas- con las cámaras y micrófonos que hace menos de un mes no lo perseguían.

¿Cómo no valorar a ese tipo único que no es el Drogba ni el Romario de los pobres sino el ‘Chorri’ de la gente, ese al que nunca le importa ganarse una tarjeta amarilla por sacarse el polo y compartir su emoción con el público?

5.10.07

Por qué el Perú merecería una desafiliación

En horas en que el ambiente del fútbol peruano está dominado por una noticia generada fuera de las canchas que nadie quiere leer, bien vale la pena reflexionar acerca de la principal causal de que Manuel Burga termine entronizado en el sillón de la FPF: la incapacidad colectiva de todos quienes estamos inmersos en este entorno para influir positivamente sobre él.

Foto: RPP

A Manuel Burga no queda otra que felicitarlo por haber logrado lo que casi nadie consigue en este país de las maravillas: aunar voces en torno de un único objetivo.

Resulta irónico, además, que en una actividad como el fútbol, que por esencia es polémica, un personaje pueda conglomerar tanto consenso: a él, hoy nadie en la calle lo quiere.

Ninguno de quienes hacen DeChalaca.com supera los 30 años de edad. Todos crecimos, futbolísticamentehablando, en medio de fuertes discusiones sobre la capacidad de tal o cual dirigente del balompié local. Burga logró lo imposible en el fútbol: que todos estén de acuerdo -en su contra- (Foto: RPP)Hace una década, por ejemplo, un hincha o un periodista deportivo podía ser o bien delfinista o bien gonzalista; algunos de quienes aquí escribimos pasábamos horas al día polemizando sobre cuál de los dos modelos dirigenciales debía sacar al fútbol peruano del supuesto hoyo en que se encontraba. Hoy, cuando ese abismo es más profundo aún, ya ni siquiera hay un punto de partida para discutir: solo queda espacio para renegar del descrédito.

Burga puede caerle antipático al Perú entero por lo que fuere, desde la escasez de resultados deportivos positivos en su gestión hasta el aspecto de su barba. En esta página, incluso, no hay acuerdo de opiniones acerca de sus principales defectos como gestor o su propia probidad. Ante la subjetividad, siempre es preferible centrarse en cuestionar lo objetivo: alguien que amnistía a un ente (en este caso un club) sancionado de acuerdo con las reglas que él mismo propuso, no convoca a elecciones en la fecha que corresponde y desacata las normativas de un órgano superior se convierte, sin exageraciones, en un dictador.

Durante los últimos días, se ha metaforizado al ambiente vivido en la Videna con el que el país vivió en torno de la reelección de Alberto Fujimori en el año 2000. Amén de las aún más subjetivas opiniones políticas, hay un hecho insoslayable: el entonces presidente basó su triunfo en aquella época en una poderosa maquinaria mediática que le era fiel. Hoy, Burga tiene a todos los medios -tradicionales o modernos, caros o baratos, serios o chichas- en su contra. Incluso quienes utilizan los términos más diplomáticos para referirse a su gestión no son capaces de endilgarle elogio alguno. Vaya si quisiera Fujimori haber tenido tal capacidad de imponer sus propósitos sin respaldo periodístico. ¿Cómo puede haberlo conseguido un dirigente de fútbol?

¿A quienes les reclaman a los presidentes departamentales les interesan las precarias condiciones en que se juega la Copa Perú en el interior del país? (Foto: chalaysanto.com)La respuesta es simple. En este fútbol peruano sobre el que todos hablamos, nadie existe formalmente. No existen los clubes llamados grandes, porque pese a haber logrado consensuar los tres su negativa al continuismo, su capacidad de influir sobre sus pares es nula ya que la elección entre los votantes provenientes del fútbol profesional quedó igualada en seis votos por lado. Tampoco existen, como tales, los demás clubes, ya que -como muchas agrupaciones políticas- no canalizan las demandas de los grupos de interés a los que upuestamente representan (sus hinchadas, para no hablar de socios aún más fantasmas) sino los de cuasipatrones gamonales. Mucho menos existe el poder de la prensa: es muy fácil hoy llenar páginas endilgando a la mayoría de los impresentables presidentes de las federaciones departamentales la responsabilidad de haber sostenido a Burga con su voto cuando ello no es más que el reflejo de lo desatendido que está el teje y maneje de cada una de las ligas locales. ¿Quién habla de cómo se clasifican los equipos en la Copa Perú? ¿Alguien, aparte de Radio Callao, cubre partidos de otras divisiones?

Y es que en el Perú, el fútbol se quiere construir al revés, como una pirámide que se arma desde la punta en vez de desarollarse por la base. Lo único que acaso no es responsabilidad directa de Burga, clasificar a un Mundial, es el cuestionamiento preferido de sus detractores. Casi nadie le recuerda que durante su mandato, el fútbol peruano pasó por la vergüenza mundial de ver inconcluso un campeonato (temporada 2003) o que actualmente juega otro en el que todos los días se especula si habrá o no descenso de categoría, a manera de herramienta de control político. Pero no: “eso no le importa a la gente”. Total, el hincha se pintará igual la cara para ir al estadio contra Paraguay, y lo importante será ganar ese día para seguir vendiendo. Federico Cúneo deberá decidir si su aventura hacia la FPF fue algo temporal o afianzará su posición opositora (Foto: Andina) El concepto de largo plazo se remite el partido del domingo próximo, o la clasificación a la Copa Libertadores del verano siguiente que permite recibir cheques de Toyota para sostener presupuestos. Así funciona la industria del fútbol en el país, peleando por migajas de lo que podría ser una gran torta.

Por todo ello, ni siquiera el hecho de ver a gente seria y de reconocida trayectoria empresarial como Rafael Rizo-Patrón o, ahora, Federico Cúneo, envuelta en el ambiente del fútbol, permite del todo creer que algo va a cambiar. El caso del último, por ejemplo, resulta llamativo debido a que con todas sus intenciones positivas encima, su candidatura no dejaba de ser un reflejo de la tradición de oposiciones improvisadas que caracterizan cualquier contienda democrática en el país: todos juntos y revueltos contra el demonio de la película. Si Burga es Fujimori, Cúneo vendría a ser una especie de Alejandro Toledo sin mascaypacha roja que, de perseverar, tendrá la primera oportunidad de acceder al cargo el día que, por las buenas o por las malas, esta administración caiga -ninguna dictadura es eterna-. Ojalá que esa hora lo encuentre mejor rodeado.

Gino Pinasco pidió disculpas por sus exabruptos del fin de semana pasado, pero sembró preocupación sobre la tendencia que seguirá su gestión en Universitario (Foto: Martín Velásquez / DeChalaca.com)Por ahora, el panorama es sombrío, y tan tenso que hasta la gente más ecuánime pierde los estribos. Ni el más acérrimo crítico de Juan Carlos Oblitas, por ejemplo, podría dejar de reconocer que el ‘Ciego’ es tan educado en el plano público como verbiflorido es en privado. Pero entre el mal juego de Cristal y las inocultables presiones sobre los árbitros que siempre existen y se hacen palpables en estos tramos finales de temporadas, perdió el control el último domingo ante Total Clean y
se terminó yendo expulsado
. O Gino Pinasco y sus gestos de barrabrava a la Trinchera Norte en el reciente Universitario-Cienciano, de los cuales felizmente se excusó pero habiendo dejado flotando la preocupación de haber resucitado en Ate actitudes matonescas que, supuestamente, su gestión debía desterrar. Evidentemente, la comentada corta edad de quienes hacemos esta página nos impide -de más está decirlo- sugerirle a gente grande y madura cómo debe comportarse; la observación solo cabe porque hoy el fútbol necesita creer en alguien, y Oblitas o Pinasco pertenecen al reducido grupo de gente que algo de confianza habría de transmitirle al sistema.

A estas horas, hay quienes se desgañitan temiendo la posibilidad de una desafiliación por parte de la FIFA. Y la verdad es que a nadie que opera en torno de este deporte le conviene ser un paria internacional. Aunque también es cierto que, por todo lo anterior, el Perú se lo tendría más que merecido. Un esfuerzo como esta página, que viene naciendo con la ilusión de revalorar la historia y tradiciones de nuestro balompié, por ejemplo, tendría mucho menos temas que tocar si la selección dejara de competir. Pero quizá un zamaqueo de esa envergadura sea la única forma -más que de remover a alguien de determinado cargo- de entender hacia dónde está llevando el sistema la maldita obsesión por clasificar a un Mundial como si eso, por arte de magia, fuera a sembrar pasto en la cancha de tierra que está a la vuelta de la esquina.

11.9.07

Tarjeta a la ambivalencia

La expulsión de la gran estrella española del Mundial Sub-17, Bojan Krkic, en la semifinal del certamen entre su selección y Ghana, ha traído a colación un debate eterno en el mundo del fútbol: la preservación del talento versus el cumplimiento de la norma. En la historia, varias grandes ausencias en finales explican por qué tal polémica carece de sentido.

Foto: FIFA.com

A continuación, una defensa cerrada del reglamentarismo a pesar de compartir con muchos de sus críticos la firme creencia de que si el fútbol cuenta con un activo fijo que garantiza su subsistencia, ese es el talento individual.

Las lágrimas de Bojan Krkic Pérez (Linylola, 28 de agosto de 1990) tras ser expulsado por el árbitro brasileño Salvio Fagundes en la reciente semifinal jugada entre España y Ghana por el Mundial Sub-17 han despertado las solidaridades más diversas en el universo futbolero. ¿Y a los niños qué ídolo les enseña cuál es el sentido de la ley? (Foto: marca.com)Amén de las lógicas reacciones de las fanáticas enamoradas del niño de moda del balompié mundial, no han escaseado las peroratas sabihondas de comentaristas en todo el mundo que se rasgan las vestiduras en nombre del futbolista virtuoso y en condena del supuesto daño que se hace a una competición privándola de su mejor jugador. Incluso en este Perú generoso en el que sobran quienes opinan acerca de todo, no han faltado reniegos frente a cámaras exclamando que un juez como Fagundes ha demostrado con su decisión “no haber sabido nunca lo que es patear una pelota de fútbol”.

Sin lugar a dudas, las voces locales que se alzan en ese sentido gritarían en dirección contraria si, por azares de la ronda previa, el rival de semifinales de España no hubiera sido Ghana sino Perú. Es más que seguro que Krkic habría dejado el traje de Oliver Aton para convertirse en el Steve Hyuga favorecido por el peso de su camiseta que amenazaba a Reimond y su pandilla. La cabeza de Zidane, tan inteligente para jugar al fútbol, echó a perder el final de un cuento de hadas (Foto: postimees.ee)Así que, para no perder más tiempo en charlas con la pared, es preferible repasar qué lecciones dejan circunstancias similares en la historia del fútbol mundial -mientras otros siguen investigando las edades de los Sub-17 ghaneses por si están aptos para pasar una prueba en Cantolao-.

Para tarjetas rojas que destruyen sueños, cuál ejemplo podría resultar mejor que la expulsión de Zinedine Zidane en la final de la última Copa del Mundo. Qué amante auténtico del fútbol, luego de aquel recital de ‘Zizou’ frente a los brasileños, no soñaba con una despedida por la puerta grande del francés, más todavía luego de su penal ejecutado “a lo Panenka” en los primeros minutos del cotejo ante Italia. Pero Horacio Elizondo, con su facha de Gargamel, complicaría la vida a los suspiritos bleus y se las arreglaría indirectamente a los azzurros. ¿Alguien podría decir que hizo mal su trabajo? Impulso justificado, reacción imperdonable: la pelada de Zidane fue donde no debió y al rato se retiró mirando la Copa de reojo. Cualquier habitante del mundo decente del fútbol detesta con razón a Matterazzi; a Elizondo, en cambio, solo cabe aplaudirlo a rabiar por haber cumplido con su -incómoda, pero honesta- labor.

Otros casos han sido más parecidos al de Krkic. Dos de ellos, también recientes, tuvieron como protagonista al mismo hombre de negro: el austriaco Urs Meier. Urs Meier en amarillo versión 1: a Michael Ballack en Corea-Japón 2002 (Foto: BBC Sports) Quizá no muchos hayan caído en la cuenta de que fue él mismo quien, con sendas tarjetas amarillas en semifinales, impidió a Michael Ballack disputar la final del Mundial 2002 y a Pavel Nedved participar de la final de la Champions League 2002-2003 con la selección alemana y la Juventus, respectivamente. Como Bojan, tanto el germano como el checo habían sido los héroes en los partidos que clasificaron a sus equipos a las finales respectivas: Ballack anotándole a Corea del Sur y Nedved encabezando una épica remontada ante el Real Madrid. Urs Meier en amarillo versión 2: a Pavel Nedved en la Champions League 2002-2003 (Foto: soccernetwork.com) Pero cometieron infracciones. Meier hizo su tarea. Los jugadores fueron sancionados. Sus equipos sintieron sus ausencias. Como la Francia de Zidane o la España Krkic, terminaron como subcampeones.

No hay que ser abogado ni entender demasiado de leyes para percatarse de que la sanción asignada cumplió su cometido. Y es que ese es el espíritu de la norma: ejercer un acicate sobre el infractor para estimularlo a que no vuelva a cometer su falta. En mundiales hay más ejemplos como los anteriores, en los que el talento de los sancionados tampoco hizo vela en el entierro. Claudio Caniggia se perdió la final de Italia 1990 al recibir una amarilla de parte del francés Michel Vautrot en la semifinal contra el anfitrión; Alessandro Costacurta sufrió lo mismo en EE.UU. 1994 cuando otro francés, Joel Quiniou, lo amonestó en la semifinal ante Bulgaria y lo hizo perderse la final contra Brasil. Ambos también vieron, desde la tribuna, a los rivales llevarse la Copa. Una excepción fue el capitán francés en el Mundial de 1998, Laurent Blanc, quien, expulsado por el juez español García Aranda en la semifinal contra Italia, sí vio alzar la sus compañeros en Saint-Denis ante Brasil -con Ronaldo en las condiciones en que se presentó aquella tarde, a los galos les bastó y sobró el empeño del pelado Leboeuf en la zaga-.

Por supuesto, en este apurado recuento es imposible omitir la mayor “perla” que el fútbol local registra respecto de fallos arbitrales en contra de grandes ídolos. César Cueto vuelve al campo para el segundo tiempo de un partido de exhibición entre peruanos y extranjeros pese a haber sido previamente expulsado por el juez Tejada, 9 de febrero de 1998 (Foto: El Comercio)Los protagonistas: César Cueto y Alberto Tejada, en el verano de 1998. Jugaban un amistoso un combinado de extranjeros que militaban en el campeonato local versus otro de futbolistas nacionales reforzado, como invariable imán de taquilla, por el ‘Poeta’. Entre chiches y toques, aquella tarde Cueto ya había visto una amarilla antes de cometer una falta fuerte a poco del final del primer tiempo, y al médico-réferi (hoy alcalde de San Borja) no le quedó otra que expulsarlo por doble amonestación. El público presente en el Nacional se le vino encima a Tejada, y fue tal la presión -medios incluidos- que para el segundo tiempo, se resolvió que el ‘Poeta’ volviera al campo de juego. El juez acató la decisión, pero habiéndose primero marchado él a vestuarios y dejado su lugar al cuarto árbitro. Alguien que había dirigido ya en un Mundial y aspiraba a hacerlo en otro no podía avalar tal despropósito reglamentario con su presencia, declararía luego con razón Tejada. Garrincha en acción ante Chile en la semifinal del Mundial 1962, cuando le hizo el mejor de sus quiebres al reglamento (Foto: FIFA.com)La sinrazón dirá que esa tarde el público se fue feliz a su casa al ver una vez más a su ídolo en el campo. Algún atrevido preguntará qué lección les quedó a los niños que vieron aquel partido por televisión. Quizá algún profesor que durante el último año debió mediar para evitar los cabezazos en los pechos de los rivales tenga una buena respuesta.

Quien suscribe, por si a alguien le interesa, tiene un único póster de un futbolista en el cuarto y ese es una imagen de Cueto. Como fuere, la historia conserva un consuelo para los empedernidos perdonavidas de ídolos: en el Mundial 1962, la gran figura de la competición, Manoel dos Santos ‘Garrincha’, anotó dos goles en el triunfo 4-2 en semifinales de Brasil sobre el anfitrión Chile. Sin embargo, a los 83’, con el partido definido, el réferi peruano Arturo Yamasaki lo expulsó tras una confusa acción por una agresión al meta mapochino Rojas. Por alguna casualidad de la vida que en el mismo Brasil despierta múltiples versiones, el informe arbitral del encuentro no llegó a tiempo a la FIFA para la final (cabe recordar que por entonces aún no había tarjetas en el fútbol y las uspensiones no eran automáticas), por lo que el gran Garrincha pudo jugarla y contribuir a que la verdeamarelha pudiera alzar la Jules Rimet tras vencer 3-1 a Checoslovaquia.

Yamasaki tiene una estatua de cera en un museo de México, país donde desarrolló el grueso de su carrera. A la industria del fútbol, irónicamente, nunca le resultará rentable vender pósters de Elizondo o Meier, o alguna estampita de Salvio Fagundes.

5.9.07

Puntos (finales) sobre las jotas

Foto: cortesía A. Rodríguez, desde Corea del Sur

Recibimientos, premios, balances, reflexiones, hasta canciones… No ha habido durante los últimos días quién no tenga algo que decir acerca de la Sub-17 de Juan José Oré y su extraordinaria actuación en el Mundial de la categoría. A continuación, algunas razones para aburrir con un comentario más ante los comentarios de moda.


Advertencia: esta no es un carta de agradecimiento al mejor equipo peruano de fútbol en categorías menores de la historia. Tómelo en cuenta: tampoco van a pagarle 16 mil soles por leerlo. Considérelo: puede saberle amargo que en horas de efervescencia popular haya quien prefiera pararse del otro lado de la vereda y plantear puntos sobre las íes -o, literalmente, las jotas- que se afirman acerca del que la sociedad peruana entiende hoy como orgullo colectivo.

No es cuestión de dar la contra al éxito. Este texto partió reconociendo que lo logrado por el equipo de Oré no lo consiguió jamás algún equipo de menores y eso basta y sobra para sacar pecho. Pero inventar rupturas de rachas como que esta selección llevó al país a un Mundial luego de 25 años o que clasificó a cuartos de final luego de 29 raya en lo fantasioso. Mezclar cifras de equipos de distintas categorías es un acto que contraviene cualquier criterio estadístico. En tal caso, África hace rato merecería ser llamado como continente con campeones del mundo por tener a Ghana y Nigeria, o hasta Arabia Saudita (sí, la misma de los dos jugadores por cromo en cada álbum de Panini) entraría en esa bolsa por el título que logró en el Sub-17 de Escocia 1989. Son historias distintas; Hermoza -felizmente- no es Rubiños y Duarte a Chumpitaz solo lo ha superado aún en talla. Que cada cual viva su momento, basta ya de extender culpas.¿Qué sentido tiene cuidar del público de Primera División a hombres de 17 años? (Foto: cortesía A. Rodríguez, desde Corea del Sur)

Otros comentarios son refutables desde nichos menos excéntricos que la estadística futbolera y más relacionados con el sentido común. Se dice: a los ‘jotitas’ hay que encaminarlos en un proceso de desarrollo ordenado. Hasta allí de acuerdo. Se dice: a los ‘jotitas’ no hay que hacerlos debutar en Primera todavía, es populista sugerirlo -a Arrué ya lo calificaron como tal sin siquiera cumplir una semana en el banco de Alianza-. Eso podía tener sentido antes de Corea del Sur con el fin de cuidar piernas; después de ella, lo pierde. La alta competición es cada vez más una exigencia para los 17 años, y el mejor ejemplo en el fútbol actual es Lionel Messi. A partir de lo último, también se dice: que los ‘jotitas’ emigren rápido y nunca jueguen en el medio. Visión miope de quienes siguen pensando que el paradigma de desarrollo del fútbol peruano pasa porque un grupo de iluminados haga grandes partidos y nos conduzca al éxito; la actual es una oportunidad dorada para que la industria del fútbol local explote a sus nuevas figuras, y más bien depende de estas -y su formación familiar- no dejarse arrastrar por los vicios de generaciones anteriores. Indudablemente, si todas las madres de futbolistas supieran contestar a las tautológicas preguntas televisivas como la de Manco, se verían mejores partidos cada fin de semana.

Luego de Suwon, la Sub-15 recibe a Oré como el mejor contexto para que siga cosechando éxitos (Foto: cortesía A. Rodríguez, desde Corea del Sur)La tercera es de cajón: "Oré es un técnico que ha demostrado merecer mayores oportunidades" se repite cual estribillo. Es un franco alivio que ‘Jota Jota’ haya demostrado una sencillez poco común en aquellos técnicos que suman algo de éxito por estas tierras; por lo menos, da la impresión de que nunca cometerá el despropósito de acusar a alguno de sus jugadores de alimentar a su familia con gato. Igual será inevitable que su nombre sea puesto en la palestra cuando ‘Chemo’ pierda dos partidos seguidos, ya que el mundo del fútbol entiende poco de lo costoso que es matar la gallina de los huevos de oro. ¿En qué mejor lugar podría estar un entrenador eficiente en menores si no es con los menores? José Sulantay lo ha entendido bien en Chile; Pekerman en Argentina o Iñaki Sáez en España no lo captaron así y sus respectivas trayectorias lo pagaron.

Y para terminar con este molesto recuento, queda festejar un rubro en el que el Perú lucha decididamente el título mundial: el de los recibimientos apoteósicos y las premiaciones pomposas -ojalá algún día las chicas del vóleibol de Seúl reciban las casas que varios de los funcionarios del gobierno actual les ofrecieron en 1988-. A la gente, por cierto, nadie tiene derecho de quitarle la alegría. Porque al fin y al cabo, este equipo hizo feliz a todos. ¿Qué puede haber mejor para un apasionado del balón que llegar a su trabajo con poco sueño pero con la sonrisa en la boca producto de un amanecer triunfal? Los pies de esta joven y talentosa generación podrían alcanzar logros mayores (y títulos reales) con auténtico trabajo planificado (Foto: cortesía A. Rodríguez, desde Corea del Sur)La Sub-17 logró que el niño que está desaprobado en Geografía supiera que Dusambé es la capital de Tayikistán, y sus jugadores son los responsables de que esa amiga tan interesante con la que uno puede hablar de cualquier cosa menos de fútbol comenzara apreguntar si Perú sería capaz de ganarle a Ghana. El reclamo no es para ese hincha, menos aún para el menor de edad que hasta ahora les hablaba orgulloso a sus amigos acerca de la Copa Kirín; la exigencia es a un sistema que necesita de menos lisonjas y más trabajo planificado. Que la buena estrella de esta selección haya encarnado, en parte, un mal entendido éxito de la desorganización directiva en el fútbol peruano es un efecto negativo que queda como legado. El día en que las botellas se destapen luego de un trabajo ordenado, esta crónica será la primera en invitar a sus lectores a vaciarlas a las 8 de la mañana de un viernes junto al papá de Gary Correa, ya que quien la suscribe se sabrá menos proclive a aparecer, algún día, en una propaganda televisiva de un programa fútbol del recuerdo peinando canas y dando gracias por haber tenido vida para ver a un equipo triunfar por única vez en Suwon y Seogwipo. Punto final.

28.8.07

¿Y qué Aguirre agarra estas culpas?

Fotos: delgol.com, scbraga.pt, diario La Verdad

Diego Aguirre dejó con mucha pena y ninguna gloria el banquillo de Alianza Lima. Al margen de los errores del uruguayo al comando de los blanquiazules, es inocultable que los desaciertos dirigenciales no son novedad en Matute. El caso Mariño evocó los de Paolo Guerrero y Jair Baylón, y sumó una perla más a una lista larga que no se corta por el lado más débil de la pita.

1) Había sido un delantero con trayectoria importante: en su país es idolatrado por los manyas de Peñarol al haberles dado el título de la Copa Libertadores 1987, con un gol agónico a los 119 minutos y 58 segundos en la final ante el América de Cali de Gabriel Ochoa Uribe. 2) Era uruguayo como Gerardo Pelusso, quien pese a haberse ido de Matute entre lágrimas y con pocos éxitos en partidos decisivos dejaba, al parecer, un buen recuerdo por el título ganado el 2006. 3) Había obtenido, ya como técnico, un título en Peñarol el 2003, y además sumaba pasos por Montevideo Wanderers, Plaza Colonia, Lawn Tennis de Carrasco y el ecuatoriano Aucas. 4) Tenía un aire, con la fortaleza de un ventarrón, al conductor televisivo Raúl Tola, pero era un hombre de fútbol.
Aguirre y De Souza Ferreyra, una alianza que apenas duró seis partidos (Foto: RPP)
Esas señas acreditaron ante la dirigencia de Alianza Lima a Diego Vicente Aguirre Camblor (Montevideo, 13 de setiembre de 1965) a asumir la dirección técnica del cuadro íntimopara el Torneo Clausura. Tras solo seis fechas en el cargo se va con un récord de prontuariado: tres derrotas en casa, una de ellas la más
abultada de la historia blanquiazul en Matute
. Al cierre de estas líneas, y mientras Pepe Soto asume el cargo de modo temporal, varios nombres se vocean para reemplazarlo, todos con pasado aliancista: Miguel Ángel Arrué, Miguel Company, Julio César Uribe y hasta Mario Viera, ex asistente de Pelusso. Pero pese a que la prensa aguardó hasta últimas horas del martes la decisión, ella demorará algunas horas más debido a que, como sentenció el vicepresidente aliancista Carlos Franco a una emisora local, “Alianza no se quiere equivocar” con la decisión que tome esta vez.

Paolo Guerrero con la blanquiazul, una imagen que solo se pudo ver en juveniles y jamás en Primera (Foto: delgol.com)Porque Alianza se equivoca, vaya si bastante y de manera escandalosa. La vergonzosa partida al Hércules español de Juan Carlos Mariño, presentado como gran refuerzo para el Clausura, tras haber jugado apenas cuatro partidos con los íntimos, y la posterior imagen de un contrato que lo facultaba a dejar la institución “sin contraprestación alguna” si recibía una oferta del extranjero dejaron en ridículo el poder de negociación de uno de los dos clubes más importantes del país. El eco de Carlos Carpio reclamando al jugador condolencia por haberlo ido a buscar a la misma Argentina invitaba, más que al sollozo solidario, a recordar que la historia de contratos problemáticos no es nueva para la actual dirigencia íntima. En 2002, Paolo Guerrero dejó el club sin haber jugado un solo partido oficial y terminó partiendo al Bayern Munich en una operación que no dejó mayores réditos a las arcas del club. A inicios de este año, se repitió la historia con Jair Baylón, quien al cumplir los 18 años sin contrato de por medio pudo firmar por el Sporting de Braga sin, otra vez, reportar beneficios a Alianza. En ambos casos, la reacción en Matute fue al Carpio-style: satanizar a los empresarios implicados y maldecir el escaso agradecimiento de los jugadores al club que los formó.

Alfonso de Souza Ferreyra es un hombre inteligente de negocios que sabe bien y por formación familiar, a diferencia aparente de la mayoría de los dirigentes que lo acompañan, con qué códigos se maneja el mundo del fútbol. Sabe, también, que la historia íntima lo recordará como un personaje exitoso: tres títulos en seis años de gestión -el de 2007 ya resulta una quimera- hablan de una eficiencia práctica que ha consagrado a Alianza como el mejor equipo del medio en la década y que, sobre todo, le ha permitido recuperar el respeto que perdió ante sus rivales durante las 19 temporadas de sequía de títulos. Y sabe, por último, que cada vez que dejó decisiones importantes en manos de terceros durante este tiempo, los resultados fueron calamitosos; basta recordar el marasmo en que cayó el club cuando pidió licencia del cargo en 2005, año terminado a los tumbos bajo el mando de un inhumanamente manoseado Roberto Chale. Raúl Vera solo jugó con Alianza este partido ante Estudiantes de Medicina en el Clausura 2001 (Foto: El Gráfico Perú)

La historia reciente de Alianza sabe, pues, de momentos extremos. Así como el oscuro periplo de Chale se lavó con el título de Pelusso, antes la ida de Paolo se había maquillado con la venta de Jefferson Farfán. Pero las fallas tarde o temprano colapsan, y la mejor muestra de ello fue el caso protagonizado por Gustavo Roverano y Raúl Vera. Poco menos de 110 mil dólares adeudados por cuatro años le costaron al club íntimo igual número de puntos en la tabla de posiciones, casi como regla de tres. El cargo de conciencia se ahonda en el caso de Vera, un marcador de punta ignoto para la Primera División que apenas jugó 72 minutos con camiseta íntima. ¿Por qué los errores blanquiazules tienen que ser así de estrepitosos?

Edison Mafla no jugó ni un minuto en Matute, pero sí pasó algunos -fatales- en el banco de suplentes (Foto: El Gráfico Perú)La respuesta tonta diría que en Alianza hay solo una mano mágica para resolver problemas que se mueve, literalmente, al cuchicheo. La respuesta perspicaz evocaría un caso de marzo del 2003, cuando el colombiano Edison Mafla se fue de Alianza -también sin jugar- luego de haber sido retirado del banco de suplentes durante los primeros minutos de un clásico ante la U ya que su presencia hacía que los íntimos superaran el cupo de extranjeros; aquella vez, una extremadamente benévola Comisión de Justicia decidió amonestar al cuadro íntimo con un llamado de atención sin retirarle los puntos. La respuesta lógica señalaría que en Alianza el caso Mafla debería dejar de ser visto como el paradigma de la buena gestión dirigencial, y que más bien, en los meses que le quedan a Alfonso de Souza Ferreyra en el cargo, el gran título que le resta conseguir es la formación de una casta apta para heredarlo. En caso contrario, los riesgos son altos, y no siempre habrá un Aguirre para agarrarlos y asumirlos.

14.8.07

Espuma al límite del vaso histórico

Sporting Cristal vive horas difíciles. Lo que hasta hace pocas semanas era una broma de tribuna rival, la posibilidad del descenso de categoría, hoy asoma como una opción real visto el desempeño rimense en el arranque del Clausura. ¿Cuáles son los íconos de la crisis cervecera?

Foto: delgol.com

:S

Amargura: Cristal no quiere jugar al fútbol.
Tras las jornadas iniciales del Clausura, los celestes pueden exhibir a sus hinchas algo peor que la seguidilla de resultados negativos: apatía por saltar al campo y un deseo inigualable de que el árbitro pite el final de los partidos desde que estos se inician. Lo que extraña es que seis de los habituales titulares sean formados en el club, y por tanto estén teóricamente identificados con él: Delgado, Prado, Villalta, Rebosio, Lobatón y Palacios. A ellos podría sumárseles Jorge Soto como capitán emblemático de los últimos años. Lo curioso es que el más luchador proviene de afuera: Luis Alberto Bonnet, quien acaso sí tiene claro lo que es sufrir por surgir en un club con incomodidades (el Atlanta de su país) y tener éxito en una institución modelo como Cristal.

:$

Vergüenza: Cristal está en posición de descenso. Podía interpretarse como el típico canto posterior al “ay, ay, ay, ay, qué risa que me da”, pero la realidad no miente. En el torneo local, durante las últimas dos temporadas, las diferencias entre grandes y chicos se han aplanado producto de algunos buenos trabajos institucionales (San Martín y Bolognesi) y algunas influencias de altura (Sport Áncash). No hay más partidos ganados por default ni el San Martín de Porres es más el cementerio de nadie externo al propio Cristal: los tres años de imbatibilidad que mantuvo en dicho estadio desde su reinauguración en 1995 hoy saben a añejo recuerdo. Equipo que suma en casa, campeona: lo sabe bien Oblitas desde los noventa. Equipo que pierde en casa y no recupera esos puntos afuera, desciende: ¿sabrá alguien conjugar ese verbo en La Florida?

:o

Asombro: Cristal no ha mejorado a pesar del regreso de sus ídolos. Ni Palacios ni Oblitas son magos. Y no por viejos ni caducos: más bien están afrontando un escenario nuevo en sus historias celestes, en el que ya no pelean un campeonato ni -sobre todo- los rivales les temen, como ocurría en la década pasada. En 1990, cuando el Ciego llegó al Rímac, se había vivido un momento tenso tras la eliminación ante los clubes chilenos en la Libertadores con los argentinos López y Cavallero, y luego con la poca afortunada campaña el chileno Eugenio Jara. Pero nunca algo como el último lugar, y de hecho entonces Oblitas logró el noveno puesto del segundo Metropolitano con la idea fija en sentar bases para campeonar en 1991, objetivo que logró en un equipo basado en jugadores experimentados. ¿Habrá querido confiar en la misma estrategia esta vez? Un apunte: aquel equipo que empezó jugando al ritmo de Antón, Navarro y el propio Julio César Uribe, terminó campeonando con los recién surgidos Pablo Zegarra, Maestri y el mismo Chorri como emblemas. Es solo un apunte.


La campaña de Cristal en 1990 fue una de las peores en su historia. Aquí enfrenta a Huaral en la Libertadores de aquel año (Foto: El Comercio)


(H)

Ceguera: Cristal no la ve con los refuerzos. En La Florida hay muchos más ciegos que Oblitas desde hace buen tiempo, y si alguien decide abrir el chopp para mejorar el plantel antes del cierre del libro de pases, es preferible que los consejeros de siempre sean mantenidos bien lejos. Las comentadas contrataciones nefastas de zagueros centrales a lo largo de los años noventa en el club celeste eximen de comentarios: no pegaron una sola. Y si más bien la tradición histórica de Cristal fue acertar con los refuerzos ganados a otros clubes del medio, este año haber empezado las compras por un jugador como Edison Chará que venía de cometer una gravísima falta ética -abandonar a Cienciano en plena final contra Alianza Lima, quién sabe por qué tipo de motivaciones- no hizo sino contraponer los valores históricos de la institución cervecera. Al colombiano, dicho sea de paso, la camiseta nueve le ha quedado muy grande para ejecutar alguna rabona este 2007. Hasta el momento, hay que reconocerlo, el mejor refuerzo de Cristal en el año ha sido la contratación de Alan Diez como jefe de prensa, cuya eficiencia resulta un gran aporte a quienes cubren informaciones en el club.

*-)

Incertidumbre: Cristal no sabe cuánto más tendrá que sufrir. Amén de los resultados de los clásicos de esta semana –ya Oblitas habría deslizado que si va a pelear la baja luego de esos partidos preferiría hacerlo con juveniles-, se ve difícil que la crisis celeste se resuelva del todo antes de diciembre. Y aunque ya haya ocurrido que la celeste remontó en un solo torneo corto desde las últimas ubicaciones hasta lograr el título (Clausura 1998, con Franco Navarro en sucesión del Chiqui García), esta vez el pasivo es tan grande que hasta el más fanático del Extremo parece haberse resignado a que el 2008 será el primer año sin presencia internacional imense en catorce temporadas. Tras haber comenzado el calendario con una espantosa goleada ante el América mexicano y haberlo adornado con otra en domicilio propio frente a la Liga Deportiva Alajuelense, unas vacaciones continentales no saben tan mal. La idea, por cierto, es que ellas puedan tomarse desde la comodidad de una pretemporada dura y no resembrando el césped del San Martín para que este vuelva a albergar partidos de Segunda División como en los años ochenta.

24.7.07

Dismissed a la criolla

Fotos: Mediotiempo, RPP

Las leyes de la física y del fútbol dicen que la pita se rompe siempre por el lado más débil: es más fácil despedir al técnico que cambiar a un equipo que no marcha bien. En el Perú, varios de esos trámites están acompañados de sucesos insólitos que contravienen cualquier razonamiento lógico, como en los casos de Julio César Uribe y Jorge Amado Nunes.

Bien podría MTV haber rodado una versión futbolera de Dismissed por estas tierras la semana que pasó.

Difícilmente en una misma tarde de algún país del mundo se pueda comentar en simultáneo el despido del técnico de la selección nacional y el de su símil en uno de los equipos más populares. Más complicado aún es que ello esté acompañado por los siguientes matices:

1. El técnico despedido de la selección (peruano) ocupaba el último lugar en los listados de posibles candidatos a ocupar el cargo durante las semanas previas a su nombramiento, pese a lo cual fue designado en medio del rechazo popular. En cambio, el técnico despedido del equipo popular (extranjero) es quizá el entrenador más aclamado por alguna hinchada local durante las últimas décadas, por su condición de ídolo.

2. Para designar al técnico de la selección, los encargados del nombramiento realizaron muchos viajes y entrevistas alrededor del continente cuando Perú era el único equipo de los diez sudamericanos que seguía sin entrenador, pese a que el elegido vive cerca de la Videna. Para designar al técnico del equipo popular, los encargados del nombramiento revirtieron un despido hecho pocas semanas antes por la directiva anterior, en supuesto nombre de subsanar lo que se había entendido como una injusticia.

3. Para cubrir el primer problema protagonizado por el técnico de la selección, la decisión dirigencial fue escuchar a la tribuna y reducirle el sueldo. Para cubrir el primer problema protagonizado por el técnico del equipo popular, la decisión dirigencial fue escuchar a la tribuna y echar a los jugadores que no sintonizaban con la filosofía que quería implantarse.

4. El técnico de la selección hablaba mucho, y con una florida verborrea favorecía indirectamente la creación de cortinas de humo mediáticas para distraer la atención de la afición lejos de los problemas estructurales que afronta el fútbol en el Perú hoy. El técnico del equipo popular hablaba mucho, y su voz punzante por un lado favorecía el espectáculo al generar polémica sana con los rivales -base del negocio fútbol en cualquier liga del mundo- y por otro denunciaba problemas cotidianos con una franqueza inusitada para un medio donde todo se habla a media voz.

5. El tiempo de trabajo para el técnico de la selección fue reducido y los objetivos de su labor -netamente cortoplacistas- apuntaban hacia cualquier lado menos al concepto de proceso. El tiempo de trabajo para el técnico del equipo popular quedó absolutamente distorsionado por el brusco cambio que se dio tras su primera destitución y posterior restitución, por lo que los objetivos de su labor terminaban demasiado alejados de la tantas veces mentada “jefatura de la unidad técnica”.

6. El resultado preliminar del técnico de la selección (eliminación en cuartos de final de la Copa América) es cuestionable en teoría, por los errores cometidos en el desarrollo de los partidos, pero aceptable en la práctica ya que no existían mayores expectativas. El resultado preliminar del técnico del equipo popular (quinto lugar del Torneo Apertura) es cuestionable en teoría al tratarse de un club grande para el medio, pero aceptable en la práctica dadas ciertas anomalías -cambio de dirigencia y comando técnico en plena competición-.

7. La decisión de despedir al técnico de la selección pasó, sobre todo, por un nuevo impulso populista: hacer lo que pide la tribuna per se, más allá de que –como era el caso- efectivamente se hubieran cometido errores crasos que ameritaran un despido. La decisión de despedir al técnico del equipo popular pasó, sobre todo, por presiones externas y revanchas pendientes al seno del club, más allá de que –como era el caso- efectivamente el entrenador, con toda la idolatría que pudiera despertar, no hubiera acumulado el desarrollo profesional necesario para dirigir a un club grande.

8. Al técnico de la selección lo despidieron a poco menos de tres meses de la Eliminatoria, lo que significa que quien lo reemplaza -entrenador de perfil distinto del que poseía el anterior- nuevamente estará limitado para encauzar un proceso y terminará planteando nuevos objetivos de corto plazo. Al técnico del equipo popular lo despidieron a poco menos de tres días del comienzo del Torneo Clausura, lo que significa que quien lo reemplaza -entrenador que proviene del comando técnico anterior, por lo que en teoría la metodología de trabajo que existía no sería leída como incorrecta- nuevamente estará muy alejado de un proceso de largo aliento como el que anunciaba la campaña electoral de la nueva directiva del club.Dos anécdotas que se explican por sí solas para terminar. En octubre de 1991, José Carlos Amaral fue despedido de la dirección técnica de Alianza Lima luego de una derrota ante Defensor Lima en Matute que terminó con un carnaval de insultos por parte del Comando Sur. A las pocas fechas, Amaral fue contratado con bombos y platillos por el Deportivo Municipal, cuyos dirigentes anunciaron entonces que iniciaban una etapa de trabajo serio y de largo plazo. El brasileño debutó, curiosamente, ante Defensor en el preliminar de un clásico, por lo que antes de comenzar el partido se acercó al Comando Sur y fue retribuido con aplausos y cánticos de apoyo. Tres días después, peleó con los dirigentes ediles y fue despedido del cuadro de la comuna con solo un partido dirigido.

La otra anécdota se remite a noviembre de 1999. Alianza Lima era puntero absoluto a cuatro fechas de culminar el campeonato y cumplía una gran campaña en la Copa Merconorte. Intempestivamente, la dirigencia anunció el despido del técnico colombiano Édgard Ospina, en una decisión insólita que don Emilio Lafferranderie, El Veco, resumió certeramente entonces como un hecho que “rebasaba cualquier capacidad de asombro que los años de experiencia periodística pudieran haber reportado”. Tiempo después se conocería que actitudes extradeportivas que se alejaban de las políticas que la dirigencia aliancista de entonces pretendía imponer motivaron el cese del colombiano.

En el Perú, pues, siempre hay historias y espacio para la puesta en escena de nuevos y muy variopintos capítulos de Dismissed.

12.7.07

Cuestionando mitos urbanos

Cada vez que termina una campaña de la selección, “grandes” conclusiones quedan flotando en el ambiente y dominan las discusiones en oficinas y taxis, parques y mesas familiares, bares y salones de clase. Acá, un cuestionamiento a la veracidad de esos destellos de sabiduría popular.



1. Perú fracasó en la Copa América por culpa del técnico. Falso. El verbo “fracasar”, tan venerado por estas tierras, le queda muy grande a la actuación peruana en esta Copa. A saber: se clasificó segundo en su grupo, consiguió el mejor resultado del historial en enfrentamientos contra un grande en el nivel regional como Uruguay y quedó eliminado ante Argentina, el equipo teóricamente más fuerte del torneo. Por otro lado, si bien el técnico tuvo responsabilidad directa en la patética actuación ante Bolivia, tampoco ejerció una influencia decisiva en el empeoramiento de las posibilidades del equipo -simplemente, las posiblidades jamás fueron mayores a lo que se logró-.


2. No hay que cambiar al técnico para no interrumpir el proceso. Falso. En el caos dirigencial que vive hoy la FPF, el término “proceso” le queda muy grande a cualquier trabajo de dirección técnica, y eso no es culpa de Uribe. La razón que existe hoy para no cambiar al técnico, más bien, es que cualquiera que venga se topará con el mismo marasmo en la Videna y no podrá cambiar en demasía el escenario, por lo que resulta más barato mantener al actual. Distinto habría sido el caso si las atrocidades tácticas cometidas contra Bolivia determinaban la eliminación en primera fase, caso en que a Uribe no le habría quedado otro camino que renunciar por decencia; pero así como se clama que ciertos resultados decapitan técnicos, hay que aprender que otros los mantienen.


3. Uribe se equivoca porque pone a Farfán de volante y no de delantero. Falso. Jefferson jugó la Eliminatoria pasada como volante ofensivo recostado por cualquiera de los lados y fue goleador de Perú. Si jugara como delantero, es muy posible que los clamores populares viraran en torno a por qué se mantendría sentados a Pizarro o Guerrero. El problema con la ubicación de Farfán en la última Copa fue que al jugar Perú con un solo volante de contención, él terminaba tapando los espacios que Bazalar no podía cubrir, por lo que se convertía casi en un ocho con un desgaste físico atosigante -y, por ende, acababa lejísimos del arco-.


Jefferson Farfán festejó goles como volante en las Eliminatorias pasadas (Foto: u.univision.com)


4. Bazalar es un caudillo, pero no tiene físico para jugar de titular en la selección. Falso. A Juanca se le exigió algo que jamás hizo con ninguna de las camisetas que ha vestido en sus 21 temporadas como profesional, que es jugar como seis solitario. En la U hacía dupla con el Puma Carranza o el León Rodríguez; en Ciclista, Sipesa y Boys lo acompañó Roger Serrano; en Alianza jugaba con Jayo o Ciurlizza y -cuando se hacía rombo- con el Churre Hinostroza; en el Veria griego su comparsa fue el ex internacional Jiotis Tsalouchidis; en Melgar estuvo con el colombiano Francisco López, y en Cienciano lo han acompañado Juan Carlos La Rosa, César Ccahuantico y recientemente nada menos que Julio Edson Uribe. Vistos los nombres, cualquiera que conoce un poco a los mencionados se percata de que en esas duplas ellos hacían la labor de destrucción y Bazalar la de enlace con el otro bloque del mediocampo. Por eso, y no por falta de un físico que una impecable trayectoria ha sabido conservar intacto -Jayo o Ciurlizza tienen varios años menos que él y también algunos kilos más-, es que Bazalar sufrió en la posición que ocupó.


5. Uribe se equivocó porque puso a Villamarín de central cuando siempre jugó de lateral. Falso. Pese a que su posición natural es de lateral izquierdo, en el último Torneo Apertura Édgar Villamarín arrancó en tres partidos como zaguero central y en varios más (incluidos algunos cotejos de Libertadores) pasó a ocupar ese puesto dado que Cienciano suele pasar de jugar con cuatro a tres defensas en pleno juego según la dinámica de este. Lo que resulta altamente cuestionable -aunque respetable al fin y al cabo- es que Uribe haya convocado a Villamarín, un jugador que comparte con Renzo Benavides y Erick Delgado el nada envidiable registro de haber sido los únicos en la década actual que fueron expulsados en su partido debut en Primera División. Fuera de la anécdota, el zaguero difícilmente haya hecho méritos suficientes en sus tres años y medio en la categoría para merecer un espacio en la lista o, más aún, para ganarse la titularidad por encima de Acasiete como ocurrió contra Bolivia.


6. Perú jugó mal porque Uribe convocó muchos jugadores de Cienciano. Falso. Cienciano es el mejor equipo peruano de los últimos años y el que papel más decente realizó en la última Copa Libertadores. El error de Uribe fue realizar una convocatoria pésima, más allá de los nombres. Repasando: i) no se puede llevar a un solo volante de contención, máxime si tiene 39 años de edad (está dicho que Bazalar es un ejemplo para cualquier futbolista peruano pero eso no lo convierte en Súperman para estar exento de lesiones a estas alturas de su carrera); ii) no se puede ir sin lateral derecho natural (Galliquio es back central en la U y De La Haza se convirtió en volante lateral durante las últimas dos temporadas); iii) es innecesario, necio y torpe perder un cupo convocando a un tercer arquero cuando las normas de la Copa permiten que en caso de lesión ese puesto pueda ser reemplazado por un vigesimotercer jugador (capítulo IV, artículo 7, inciso 2.4. del reglamento de la competición).



¿Estaba Villamarín en capacidad de enfrentar a rivales como Riquelme? (Foto: AFP/ www.copaamerica.com)


7. Lo que pasa con Uribe es que juega con hombres y no con nombres. Falso. En Sudamérica una selección que no sea Argentina o Brasil no puede darse el lujo de prescindir de los pocos nombres que tiene. Decir que Solano no estuvo en Venezuela por algún motivo distinto de la censura dirigencial es un insulto a cualquier lógica elemental. Por otro lado, no hay forma de decir que Uribe juega sin nombres. Alguna vez convocó a Alfredo Carmona cuando estaba sin club; a Francisco Pizarro cuando era tercer arquero de Municipal el año en que este perdió la categoría; a su hijo Julio Edson (camiseta 10 incluida) cuando apenas alternaba en el Deportivo Maldonado de Uruguay; a Jair Butrón y Álex Becerra cuando ni siquiera destacaban en el Alianza Atletico de Lánder Alemán, quien presidía la Comisión Mundialista que pagaba utilidades a cada club que aportaba jugadores a la selección. Eso fue jugar con “nombres” (bien entre comillas). Felizmente esta vez -hasta ahora- no ha llegado a tales extremos.


8. Pizarro les tapó la boca a sus detractores con los goles a Bolivia. Falso. Tampoco se trata de jugar con nombres por encima de los hombres. Un goleador que no hace goles deja de serlo y no puede entenderse como titular fijo. Si juega en el Chelsea y no le anota a Bolivia, tendría una mínima introspección por hacerse. Es cierto: en ese partido apareció cuando se le necesitó. Sería interesante que esa capacidad de desequilibrio se presentara en otro tipo de partidos, ante rivales más acordes con el fuste de su trayectoria europea, aunque ya se lleven ocho años -desde que debutó con la blanquirroja- esperando eso.


¿Se repetirá el festejo de Claudio Pizarro contra Bolivia frente a rivales de mayor peso? (Foto:futbolarg.wordpress.com)


9. Está demostrado que el 5-3-2 es el mejor esquema para Perú ya que cuando usó el 4-4-2 jugó horrible. Falso. Un sistema táctico por sí solo no le gana a nadie. Cuando Perú partió a Venezuela, el comentario predominante era que los zagueros peruanos no sabían jugar en línea de tres y hacerlo era una irresponsabilidad; luego de la goleada a Uruguay, hasta la secretaria recitaba a coro la clave mágica “cinco hombres en el fondo” como receta del éxito. Los esquemas sirven en tanto sean funcionales al rival de turno y se tenga a los hombres idóneos para aplicarlos. Quizá jugar con cuatro centrodelanteros como se terminó contra Bolivia no sea tan estrambótico el día que se juegue un amistoso de solteros contra casados ante San Marino o Tonga; emplear un 4-4-2, la táctica más convencional del fútbol, con De La Haza abriendo un rombo como único volante de marca difícilmente sea viable en algún lugar del mundo.


10. Con este técnico y este equipo, no tenemos posibilidades en las Eliminatorias. Falso. Sobre todo, porque Perú está encuadrado en una serie clasificatoria donde juegan otros equipos que hoy por hoy tienen problemas iguales o peores. El fútbol chileno afronta una crisis generalizada que ha devenido en un escándalo disciplinario de dimensiones que por estos lares no se ven desde los ‘90. El Ecuador mundialista hizo cero puntos en la Copa. Colombia fue humillado por un rival directo en su camino hacia el próximo Mundial (Paraguay) y mostró pocos recambios para algunos nombres de peso que empiezan a despedirse. Muchos se preguntan cómo Uruguay jugando tan mal en la Copa estuvo a punto de disputar la final; una buena razón está relacionada con el peso de las cerca de 10 individualidades con que cuenta. Perú tiene unas tres o cuatro, y con eso le bastó -por ejemplo- para dejar fuera por kilaje a un Bolivia muy animoso pero sin los Etcheverry o Sánchez que hace una década le dieron, justamente, el paso a un Mundial. Entender que lograr ese objetivo no depende solo de méritos o culpas propias es el primer paso para tentar alcanzarlo.