5.9.07

Puntos (finales) sobre las jotas

Foto: cortesía A. Rodríguez, desde Corea del Sur

Recibimientos, premios, balances, reflexiones, hasta canciones… No ha habido durante los últimos días quién no tenga algo que decir acerca de la Sub-17 de Juan José Oré y su extraordinaria actuación en el Mundial de la categoría. A continuación, algunas razones para aburrir con un comentario más ante los comentarios de moda.


Advertencia: esta no es un carta de agradecimiento al mejor equipo peruano de fútbol en categorías menores de la historia. Tómelo en cuenta: tampoco van a pagarle 16 mil soles por leerlo. Considérelo: puede saberle amargo que en horas de efervescencia popular haya quien prefiera pararse del otro lado de la vereda y plantear puntos sobre las íes -o, literalmente, las jotas- que se afirman acerca del que la sociedad peruana entiende hoy como orgullo colectivo.

No es cuestión de dar la contra al éxito. Este texto partió reconociendo que lo logrado por el equipo de Oré no lo consiguió jamás algún equipo de menores y eso basta y sobra para sacar pecho. Pero inventar rupturas de rachas como que esta selección llevó al país a un Mundial luego de 25 años o que clasificó a cuartos de final luego de 29 raya en lo fantasioso. Mezclar cifras de equipos de distintas categorías es un acto que contraviene cualquier criterio estadístico. En tal caso, África hace rato merecería ser llamado como continente con campeones del mundo por tener a Ghana y Nigeria, o hasta Arabia Saudita (sí, la misma de los dos jugadores por cromo en cada álbum de Panini) entraría en esa bolsa por el título que logró en el Sub-17 de Escocia 1989. Son historias distintas; Hermoza -felizmente- no es Rubiños y Duarte a Chumpitaz solo lo ha superado aún en talla. Que cada cual viva su momento, basta ya de extender culpas.¿Qué sentido tiene cuidar del público de Primera División a hombres de 17 años? (Foto: cortesía A. Rodríguez, desde Corea del Sur)

Otros comentarios son refutables desde nichos menos excéntricos que la estadística futbolera y más relacionados con el sentido común. Se dice: a los ‘jotitas’ hay que encaminarlos en un proceso de desarrollo ordenado. Hasta allí de acuerdo. Se dice: a los ‘jotitas’ no hay que hacerlos debutar en Primera todavía, es populista sugerirlo -a Arrué ya lo calificaron como tal sin siquiera cumplir una semana en el banco de Alianza-. Eso podía tener sentido antes de Corea del Sur con el fin de cuidar piernas; después de ella, lo pierde. La alta competición es cada vez más una exigencia para los 17 años, y el mejor ejemplo en el fútbol actual es Lionel Messi. A partir de lo último, también se dice: que los ‘jotitas’ emigren rápido y nunca jueguen en el medio. Visión miope de quienes siguen pensando que el paradigma de desarrollo del fútbol peruano pasa porque un grupo de iluminados haga grandes partidos y nos conduzca al éxito; la actual es una oportunidad dorada para que la industria del fútbol local explote a sus nuevas figuras, y más bien depende de estas -y su formación familiar- no dejarse arrastrar por los vicios de generaciones anteriores. Indudablemente, si todas las madres de futbolistas supieran contestar a las tautológicas preguntas televisivas como la de Manco, se verían mejores partidos cada fin de semana.

Luego de Suwon, la Sub-15 recibe a Oré como el mejor contexto para que siga cosechando éxitos (Foto: cortesía A. Rodríguez, desde Corea del Sur)La tercera es de cajón: "Oré es un técnico que ha demostrado merecer mayores oportunidades" se repite cual estribillo. Es un franco alivio que ‘Jota Jota’ haya demostrado una sencillez poco común en aquellos técnicos que suman algo de éxito por estas tierras; por lo menos, da la impresión de que nunca cometerá el despropósito de acusar a alguno de sus jugadores de alimentar a su familia con gato. Igual será inevitable que su nombre sea puesto en la palestra cuando ‘Chemo’ pierda dos partidos seguidos, ya que el mundo del fútbol entiende poco de lo costoso que es matar la gallina de los huevos de oro. ¿En qué mejor lugar podría estar un entrenador eficiente en menores si no es con los menores? José Sulantay lo ha entendido bien en Chile; Pekerman en Argentina o Iñaki Sáez en España no lo captaron así y sus respectivas trayectorias lo pagaron.

Y para terminar con este molesto recuento, queda festejar un rubro en el que el Perú lucha decididamente el título mundial: el de los recibimientos apoteósicos y las premiaciones pomposas -ojalá algún día las chicas del vóleibol de Seúl reciban las casas que varios de los funcionarios del gobierno actual les ofrecieron en 1988-. A la gente, por cierto, nadie tiene derecho de quitarle la alegría. Porque al fin y al cabo, este equipo hizo feliz a todos. ¿Qué puede haber mejor para un apasionado del balón que llegar a su trabajo con poco sueño pero con la sonrisa en la boca producto de un amanecer triunfal? Los pies de esta joven y talentosa generación podrían alcanzar logros mayores (y títulos reales) con auténtico trabajo planificado (Foto: cortesía A. Rodríguez, desde Corea del Sur)La Sub-17 logró que el niño que está desaprobado en Geografía supiera que Dusambé es la capital de Tayikistán, y sus jugadores son los responsables de que esa amiga tan interesante con la que uno puede hablar de cualquier cosa menos de fútbol comenzara apreguntar si Perú sería capaz de ganarle a Ghana. El reclamo no es para ese hincha, menos aún para el menor de edad que hasta ahora les hablaba orgulloso a sus amigos acerca de la Copa Kirín; la exigencia es a un sistema que necesita de menos lisonjas y más trabajo planificado. Que la buena estrella de esta selección haya encarnado, en parte, un mal entendido éxito de la desorganización directiva en el fútbol peruano es un efecto negativo que queda como legado. El día en que las botellas se destapen luego de un trabajo ordenado, esta crónica será la primera en invitar a sus lectores a vaciarlas a las 8 de la mañana de un viernes junto al papá de Gary Correa, ya que quien la suscribe se sabrá menos proclive a aparecer, algún día, en una propaganda televisiva de un programa fútbol del recuerdo peinando canas y dando gracias por haber tenido vida para ver a un equipo triunfar por única vez en Suwon y Seogwipo. Punto final.

28.8.07

¿Y qué Aguirre agarra estas culpas?

Fotos: delgol.com, scbraga.pt, diario La Verdad

Diego Aguirre dejó con mucha pena y ninguna gloria el banquillo de Alianza Lima. Al margen de los errores del uruguayo al comando de los blanquiazules, es inocultable que los desaciertos dirigenciales no son novedad en Matute. El caso Mariño evocó los de Paolo Guerrero y Jair Baylón, y sumó una perla más a una lista larga que no se corta por el lado más débil de la pita.

1) Había sido un delantero con trayectoria importante: en su país es idolatrado por los manyas de Peñarol al haberles dado el título de la Copa Libertadores 1987, con un gol agónico a los 119 minutos y 58 segundos en la final ante el América de Cali de Gabriel Ochoa Uribe. 2) Era uruguayo como Gerardo Pelusso, quien pese a haberse ido de Matute entre lágrimas y con pocos éxitos en partidos decisivos dejaba, al parecer, un buen recuerdo por el título ganado el 2006. 3) Había obtenido, ya como técnico, un título en Peñarol el 2003, y además sumaba pasos por Montevideo Wanderers, Plaza Colonia, Lawn Tennis de Carrasco y el ecuatoriano Aucas. 4) Tenía un aire, con la fortaleza de un ventarrón, al conductor televisivo Raúl Tola, pero era un hombre de fútbol.
Aguirre y De Souza Ferreyra, una alianza que apenas duró seis partidos (Foto: RPP)
Esas señas acreditaron ante la dirigencia de Alianza Lima a Diego Vicente Aguirre Camblor (Montevideo, 13 de setiembre de 1965) a asumir la dirección técnica del cuadro íntimopara el Torneo Clausura. Tras solo seis fechas en el cargo se va con un récord de prontuariado: tres derrotas en casa, una de ellas la más
abultada de la historia blanquiazul en Matute
. Al cierre de estas líneas, y mientras Pepe Soto asume el cargo de modo temporal, varios nombres se vocean para reemplazarlo, todos con pasado aliancista: Miguel Ángel Arrué, Miguel Company, Julio César Uribe y hasta Mario Viera, ex asistente de Pelusso. Pero pese a que la prensa aguardó hasta últimas horas del martes la decisión, ella demorará algunas horas más debido a que, como sentenció el vicepresidente aliancista Carlos Franco a una emisora local, “Alianza no se quiere equivocar” con la decisión que tome esta vez.

Paolo Guerrero con la blanquiazul, una imagen que solo se pudo ver en juveniles y jamás en Primera (Foto: delgol.com)Porque Alianza se equivoca, vaya si bastante y de manera escandalosa. La vergonzosa partida al Hércules español de Juan Carlos Mariño, presentado como gran refuerzo para el Clausura, tras haber jugado apenas cuatro partidos con los íntimos, y la posterior imagen de un contrato que lo facultaba a dejar la institución “sin contraprestación alguna” si recibía una oferta del extranjero dejaron en ridículo el poder de negociación de uno de los dos clubes más importantes del país. El eco de Carlos Carpio reclamando al jugador condolencia por haberlo ido a buscar a la misma Argentina invitaba, más que al sollozo solidario, a recordar que la historia de contratos problemáticos no es nueva para la actual dirigencia íntima. En 2002, Paolo Guerrero dejó el club sin haber jugado un solo partido oficial y terminó partiendo al Bayern Munich en una operación que no dejó mayores réditos a las arcas del club. A inicios de este año, se repitió la historia con Jair Baylón, quien al cumplir los 18 años sin contrato de por medio pudo firmar por el Sporting de Braga sin, otra vez, reportar beneficios a Alianza. En ambos casos, la reacción en Matute fue al Carpio-style: satanizar a los empresarios implicados y maldecir el escaso agradecimiento de los jugadores al club que los formó.

Alfonso de Souza Ferreyra es un hombre inteligente de negocios que sabe bien y por formación familiar, a diferencia aparente de la mayoría de los dirigentes que lo acompañan, con qué códigos se maneja el mundo del fútbol. Sabe, también, que la historia íntima lo recordará como un personaje exitoso: tres títulos en seis años de gestión -el de 2007 ya resulta una quimera- hablan de una eficiencia práctica que ha consagrado a Alianza como el mejor equipo del medio en la década y que, sobre todo, le ha permitido recuperar el respeto que perdió ante sus rivales durante las 19 temporadas de sequía de títulos. Y sabe, por último, que cada vez que dejó decisiones importantes en manos de terceros durante este tiempo, los resultados fueron calamitosos; basta recordar el marasmo en que cayó el club cuando pidió licencia del cargo en 2005, año terminado a los tumbos bajo el mando de un inhumanamente manoseado Roberto Chale. Raúl Vera solo jugó con Alianza este partido ante Estudiantes de Medicina en el Clausura 2001 (Foto: El Gráfico Perú)

La historia reciente de Alianza sabe, pues, de momentos extremos. Así como el oscuro periplo de Chale se lavó con el título de Pelusso, antes la ida de Paolo se había maquillado con la venta de Jefferson Farfán. Pero las fallas tarde o temprano colapsan, y la mejor muestra de ello fue el caso protagonizado por Gustavo Roverano y Raúl Vera. Poco menos de 110 mil dólares adeudados por cuatro años le costaron al club íntimo igual número de puntos en la tabla de posiciones, casi como regla de tres. El cargo de conciencia se ahonda en el caso de Vera, un marcador de punta ignoto para la Primera División que apenas jugó 72 minutos con camiseta íntima. ¿Por qué los errores blanquiazules tienen que ser así de estrepitosos?

Edison Mafla no jugó ni un minuto en Matute, pero sí pasó algunos -fatales- en el banco de suplentes (Foto: El Gráfico Perú)La respuesta tonta diría que en Alianza hay solo una mano mágica para resolver problemas que se mueve, literalmente, al cuchicheo. La respuesta perspicaz evocaría un caso de marzo del 2003, cuando el colombiano Edison Mafla se fue de Alianza -también sin jugar- luego de haber sido retirado del banco de suplentes durante los primeros minutos de un clásico ante la U ya que su presencia hacía que los íntimos superaran el cupo de extranjeros; aquella vez, una extremadamente benévola Comisión de Justicia decidió amonestar al cuadro íntimo con un llamado de atención sin retirarle los puntos. La respuesta lógica señalaría que en Alianza el caso Mafla debería dejar de ser visto como el paradigma de la buena gestión dirigencial, y que más bien, en los meses que le quedan a Alfonso de Souza Ferreyra en el cargo, el gran título que le resta conseguir es la formación de una casta apta para heredarlo. En caso contrario, los riesgos son altos, y no siempre habrá un Aguirre para agarrarlos y asumirlos.

14.8.07

Espuma al límite del vaso histórico

Sporting Cristal vive horas difíciles. Lo que hasta hace pocas semanas era una broma de tribuna rival, la posibilidad del descenso de categoría, hoy asoma como una opción real visto el desempeño rimense en el arranque del Clausura. ¿Cuáles son los íconos de la crisis cervecera?

Foto: delgol.com

:S

Amargura: Cristal no quiere jugar al fútbol.
Tras las jornadas iniciales del Clausura, los celestes pueden exhibir a sus hinchas algo peor que la seguidilla de resultados negativos: apatía por saltar al campo y un deseo inigualable de que el árbitro pite el final de los partidos desde que estos se inician. Lo que extraña es que seis de los habituales titulares sean formados en el club, y por tanto estén teóricamente identificados con él: Delgado, Prado, Villalta, Rebosio, Lobatón y Palacios. A ellos podría sumárseles Jorge Soto como capitán emblemático de los últimos años. Lo curioso es que el más luchador proviene de afuera: Luis Alberto Bonnet, quien acaso sí tiene claro lo que es sufrir por surgir en un club con incomodidades (el Atlanta de su país) y tener éxito en una institución modelo como Cristal.

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Vergüenza: Cristal está en posición de descenso. Podía interpretarse como el típico canto posterior al “ay, ay, ay, ay, qué risa que me da”, pero la realidad no miente. En el torneo local, durante las últimas dos temporadas, las diferencias entre grandes y chicos se han aplanado producto de algunos buenos trabajos institucionales (San Martín y Bolognesi) y algunas influencias de altura (Sport Áncash). No hay más partidos ganados por default ni el San Martín de Porres es más el cementerio de nadie externo al propio Cristal: los tres años de imbatibilidad que mantuvo en dicho estadio desde su reinauguración en 1995 hoy saben a añejo recuerdo. Equipo que suma en casa, campeona: lo sabe bien Oblitas desde los noventa. Equipo que pierde en casa y no recupera esos puntos afuera, desciende: ¿sabrá alguien conjugar ese verbo en La Florida?

:o

Asombro: Cristal no ha mejorado a pesar del regreso de sus ídolos. Ni Palacios ni Oblitas son magos. Y no por viejos ni caducos: más bien están afrontando un escenario nuevo en sus historias celestes, en el que ya no pelean un campeonato ni -sobre todo- los rivales les temen, como ocurría en la década pasada. En 1990, cuando el Ciego llegó al Rímac, se había vivido un momento tenso tras la eliminación ante los clubes chilenos en la Libertadores con los argentinos López y Cavallero, y luego con la poca afortunada campaña el chileno Eugenio Jara. Pero nunca algo como el último lugar, y de hecho entonces Oblitas logró el noveno puesto del segundo Metropolitano con la idea fija en sentar bases para campeonar en 1991, objetivo que logró en un equipo basado en jugadores experimentados. ¿Habrá querido confiar en la misma estrategia esta vez? Un apunte: aquel equipo que empezó jugando al ritmo de Antón, Navarro y el propio Julio César Uribe, terminó campeonando con los recién surgidos Pablo Zegarra, Maestri y el mismo Chorri como emblemas. Es solo un apunte.


La campaña de Cristal en 1990 fue una de las peores en su historia. Aquí enfrenta a Huaral en la Libertadores de aquel año (Foto: El Comercio)


(H)

Ceguera: Cristal no la ve con los refuerzos. En La Florida hay muchos más ciegos que Oblitas desde hace buen tiempo, y si alguien decide abrir el chopp para mejorar el plantel antes del cierre del libro de pases, es preferible que los consejeros de siempre sean mantenidos bien lejos. Las comentadas contrataciones nefastas de zagueros centrales a lo largo de los años noventa en el club celeste eximen de comentarios: no pegaron una sola. Y si más bien la tradición histórica de Cristal fue acertar con los refuerzos ganados a otros clubes del medio, este año haber empezado las compras por un jugador como Edison Chará que venía de cometer una gravísima falta ética -abandonar a Cienciano en plena final contra Alianza Lima, quién sabe por qué tipo de motivaciones- no hizo sino contraponer los valores históricos de la institución cervecera. Al colombiano, dicho sea de paso, la camiseta nueve le ha quedado muy grande para ejecutar alguna rabona este 2007. Hasta el momento, hay que reconocerlo, el mejor refuerzo de Cristal en el año ha sido la contratación de Alan Diez como jefe de prensa, cuya eficiencia resulta un gran aporte a quienes cubren informaciones en el club.

*-)

Incertidumbre: Cristal no sabe cuánto más tendrá que sufrir. Amén de los resultados de los clásicos de esta semana –ya Oblitas habría deslizado que si va a pelear la baja luego de esos partidos preferiría hacerlo con juveniles-, se ve difícil que la crisis celeste se resuelva del todo antes de diciembre. Y aunque ya haya ocurrido que la celeste remontó en un solo torneo corto desde las últimas ubicaciones hasta lograr el título (Clausura 1998, con Franco Navarro en sucesión del Chiqui García), esta vez el pasivo es tan grande que hasta el más fanático del Extremo parece haberse resignado a que el 2008 será el primer año sin presencia internacional imense en catorce temporadas. Tras haber comenzado el calendario con una espantosa goleada ante el América mexicano y haberlo adornado con otra en domicilio propio frente a la Liga Deportiva Alajuelense, unas vacaciones continentales no saben tan mal. La idea, por cierto, es que ellas puedan tomarse desde la comodidad de una pretemporada dura y no resembrando el césped del San Martín para que este vuelva a albergar partidos de Segunda División como en los años ochenta.

24.7.07

Dismissed a la criolla

Fotos: Mediotiempo, RPP

Las leyes de la física y del fútbol dicen que la pita se rompe siempre por el lado más débil: es más fácil despedir al técnico que cambiar a un equipo que no marcha bien. En el Perú, varios de esos trámites están acompañados de sucesos insólitos que contravienen cualquier razonamiento lógico, como en los casos de Julio César Uribe y Jorge Amado Nunes.

Bien podría MTV haber rodado una versión futbolera de Dismissed por estas tierras la semana que pasó.

Difícilmente en una misma tarde de algún país del mundo se pueda comentar en simultáneo el despido del técnico de la selección nacional y el de su símil en uno de los equipos más populares. Más complicado aún es que ello esté acompañado por los siguientes matices:

1. El técnico despedido de la selección (peruano) ocupaba el último lugar en los listados de posibles candidatos a ocupar el cargo durante las semanas previas a su nombramiento, pese a lo cual fue designado en medio del rechazo popular. En cambio, el técnico despedido del equipo popular (extranjero) es quizá el entrenador más aclamado por alguna hinchada local durante las últimas décadas, por su condición de ídolo.

2. Para designar al técnico de la selección, los encargados del nombramiento realizaron muchos viajes y entrevistas alrededor del continente cuando Perú era el único equipo de los diez sudamericanos que seguía sin entrenador, pese a que el elegido vive cerca de la Videna. Para designar al técnico del equipo popular, los encargados del nombramiento revirtieron un despido hecho pocas semanas antes por la directiva anterior, en supuesto nombre de subsanar lo que se había entendido como una injusticia.

3. Para cubrir el primer problema protagonizado por el técnico de la selección, la decisión dirigencial fue escuchar a la tribuna y reducirle el sueldo. Para cubrir el primer problema protagonizado por el técnico del equipo popular, la decisión dirigencial fue escuchar a la tribuna y echar a los jugadores que no sintonizaban con la filosofía que quería implantarse.

4. El técnico de la selección hablaba mucho, y con una florida verborrea favorecía indirectamente la creación de cortinas de humo mediáticas para distraer la atención de la afición lejos de los problemas estructurales que afronta el fútbol en el Perú hoy. El técnico del equipo popular hablaba mucho, y su voz punzante por un lado favorecía el espectáculo al generar polémica sana con los rivales -base del negocio fútbol en cualquier liga del mundo- y por otro denunciaba problemas cotidianos con una franqueza inusitada para un medio donde todo se habla a media voz.

5. El tiempo de trabajo para el técnico de la selección fue reducido y los objetivos de su labor -netamente cortoplacistas- apuntaban hacia cualquier lado menos al concepto de proceso. El tiempo de trabajo para el técnico del equipo popular quedó absolutamente distorsionado por el brusco cambio que se dio tras su primera destitución y posterior restitución, por lo que los objetivos de su labor terminaban demasiado alejados de la tantas veces mentada “jefatura de la unidad técnica”.

6. El resultado preliminar del técnico de la selección (eliminación en cuartos de final de la Copa América) es cuestionable en teoría, por los errores cometidos en el desarrollo de los partidos, pero aceptable en la práctica ya que no existían mayores expectativas. El resultado preliminar del técnico del equipo popular (quinto lugar del Torneo Apertura) es cuestionable en teoría al tratarse de un club grande para el medio, pero aceptable en la práctica dadas ciertas anomalías -cambio de dirigencia y comando técnico en plena competición-.

7. La decisión de despedir al técnico de la selección pasó, sobre todo, por un nuevo impulso populista: hacer lo que pide la tribuna per se, más allá de que –como era el caso- efectivamente se hubieran cometido errores crasos que ameritaran un despido. La decisión de despedir al técnico del equipo popular pasó, sobre todo, por presiones externas y revanchas pendientes al seno del club, más allá de que –como era el caso- efectivamente el entrenador, con toda la idolatría que pudiera despertar, no hubiera acumulado el desarrollo profesional necesario para dirigir a un club grande.

8. Al técnico de la selección lo despidieron a poco menos de tres meses de la Eliminatoria, lo que significa que quien lo reemplaza -entrenador de perfil distinto del que poseía el anterior- nuevamente estará limitado para encauzar un proceso y terminará planteando nuevos objetivos de corto plazo. Al técnico del equipo popular lo despidieron a poco menos de tres días del comienzo del Torneo Clausura, lo que significa que quien lo reemplaza -entrenador que proviene del comando técnico anterior, por lo que en teoría la metodología de trabajo que existía no sería leída como incorrecta- nuevamente estará muy alejado de un proceso de largo aliento como el que anunciaba la campaña electoral de la nueva directiva del club.Dos anécdotas que se explican por sí solas para terminar. En octubre de 1991, José Carlos Amaral fue despedido de la dirección técnica de Alianza Lima luego de una derrota ante Defensor Lima en Matute que terminó con un carnaval de insultos por parte del Comando Sur. A las pocas fechas, Amaral fue contratado con bombos y platillos por el Deportivo Municipal, cuyos dirigentes anunciaron entonces que iniciaban una etapa de trabajo serio y de largo plazo. El brasileño debutó, curiosamente, ante Defensor en el preliminar de un clásico, por lo que antes de comenzar el partido se acercó al Comando Sur y fue retribuido con aplausos y cánticos de apoyo. Tres días después, peleó con los dirigentes ediles y fue despedido del cuadro de la comuna con solo un partido dirigido.

La otra anécdota se remite a noviembre de 1999. Alianza Lima era puntero absoluto a cuatro fechas de culminar el campeonato y cumplía una gran campaña en la Copa Merconorte. Intempestivamente, la dirigencia anunció el despido del técnico colombiano Édgard Ospina, en una decisión insólita que don Emilio Lafferranderie, El Veco, resumió certeramente entonces como un hecho que “rebasaba cualquier capacidad de asombro que los años de experiencia periodística pudieran haber reportado”. Tiempo después se conocería que actitudes extradeportivas que se alejaban de las políticas que la dirigencia aliancista de entonces pretendía imponer motivaron el cese del colombiano.

En el Perú, pues, siempre hay historias y espacio para la puesta en escena de nuevos y muy variopintos capítulos de Dismissed.

12.7.07

Cuestionando mitos urbanos

Cada vez que termina una campaña de la selección, “grandes” conclusiones quedan flotando en el ambiente y dominan las discusiones en oficinas y taxis, parques y mesas familiares, bares y salones de clase. Acá, un cuestionamiento a la veracidad de esos destellos de sabiduría popular.



1. Perú fracasó en la Copa América por culpa del técnico. Falso. El verbo “fracasar”, tan venerado por estas tierras, le queda muy grande a la actuación peruana en esta Copa. A saber: se clasificó segundo en su grupo, consiguió el mejor resultado del historial en enfrentamientos contra un grande en el nivel regional como Uruguay y quedó eliminado ante Argentina, el equipo teóricamente más fuerte del torneo. Por otro lado, si bien el técnico tuvo responsabilidad directa en la patética actuación ante Bolivia, tampoco ejerció una influencia decisiva en el empeoramiento de las posibilidades del equipo -simplemente, las posiblidades jamás fueron mayores a lo que se logró-.


2. No hay que cambiar al técnico para no interrumpir el proceso. Falso. En el caos dirigencial que vive hoy la FPF, el término “proceso” le queda muy grande a cualquier trabajo de dirección técnica, y eso no es culpa de Uribe. La razón que existe hoy para no cambiar al técnico, más bien, es que cualquiera que venga se topará con el mismo marasmo en la Videna y no podrá cambiar en demasía el escenario, por lo que resulta más barato mantener al actual. Distinto habría sido el caso si las atrocidades tácticas cometidas contra Bolivia determinaban la eliminación en primera fase, caso en que a Uribe no le habría quedado otro camino que renunciar por decencia; pero así como se clama que ciertos resultados decapitan técnicos, hay que aprender que otros los mantienen.


3. Uribe se equivoca porque pone a Farfán de volante y no de delantero. Falso. Jefferson jugó la Eliminatoria pasada como volante ofensivo recostado por cualquiera de los lados y fue goleador de Perú. Si jugara como delantero, es muy posible que los clamores populares viraran en torno a por qué se mantendría sentados a Pizarro o Guerrero. El problema con la ubicación de Farfán en la última Copa fue que al jugar Perú con un solo volante de contención, él terminaba tapando los espacios que Bazalar no podía cubrir, por lo que se convertía casi en un ocho con un desgaste físico atosigante -y, por ende, acababa lejísimos del arco-.


Jefferson Farfán festejó goles como volante en las Eliminatorias pasadas (Foto: u.univision.com)


4. Bazalar es un caudillo, pero no tiene físico para jugar de titular en la selección. Falso. A Juanca se le exigió algo que jamás hizo con ninguna de las camisetas que ha vestido en sus 21 temporadas como profesional, que es jugar como seis solitario. En la U hacía dupla con el Puma Carranza o el León Rodríguez; en Ciclista, Sipesa y Boys lo acompañó Roger Serrano; en Alianza jugaba con Jayo o Ciurlizza y -cuando se hacía rombo- con el Churre Hinostroza; en el Veria griego su comparsa fue el ex internacional Jiotis Tsalouchidis; en Melgar estuvo con el colombiano Francisco López, y en Cienciano lo han acompañado Juan Carlos La Rosa, César Ccahuantico y recientemente nada menos que Julio Edson Uribe. Vistos los nombres, cualquiera que conoce un poco a los mencionados se percata de que en esas duplas ellos hacían la labor de destrucción y Bazalar la de enlace con el otro bloque del mediocampo. Por eso, y no por falta de un físico que una impecable trayectoria ha sabido conservar intacto -Jayo o Ciurlizza tienen varios años menos que él y también algunos kilos más-, es que Bazalar sufrió en la posición que ocupó.


5. Uribe se equivocó porque puso a Villamarín de central cuando siempre jugó de lateral. Falso. Pese a que su posición natural es de lateral izquierdo, en el último Torneo Apertura Édgar Villamarín arrancó en tres partidos como zaguero central y en varios más (incluidos algunos cotejos de Libertadores) pasó a ocupar ese puesto dado que Cienciano suele pasar de jugar con cuatro a tres defensas en pleno juego según la dinámica de este. Lo que resulta altamente cuestionable -aunque respetable al fin y al cabo- es que Uribe haya convocado a Villamarín, un jugador que comparte con Renzo Benavides y Erick Delgado el nada envidiable registro de haber sido los únicos en la década actual que fueron expulsados en su partido debut en Primera División. Fuera de la anécdota, el zaguero difícilmente haya hecho méritos suficientes en sus tres años y medio en la categoría para merecer un espacio en la lista o, más aún, para ganarse la titularidad por encima de Acasiete como ocurrió contra Bolivia.


6. Perú jugó mal porque Uribe convocó muchos jugadores de Cienciano. Falso. Cienciano es el mejor equipo peruano de los últimos años y el que papel más decente realizó en la última Copa Libertadores. El error de Uribe fue realizar una convocatoria pésima, más allá de los nombres. Repasando: i) no se puede llevar a un solo volante de contención, máxime si tiene 39 años de edad (está dicho que Bazalar es un ejemplo para cualquier futbolista peruano pero eso no lo convierte en Súperman para estar exento de lesiones a estas alturas de su carrera); ii) no se puede ir sin lateral derecho natural (Galliquio es back central en la U y De La Haza se convirtió en volante lateral durante las últimas dos temporadas); iii) es innecesario, necio y torpe perder un cupo convocando a un tercer arquero cuando las normas de la Copa permiten que en caso de lesión ese puesto pueda ser reemplazado por un vigesimotercer jugador (capítulo IV, artículo 7, inciso 2.4. del reglamento de la competición).



¿Estaba Villamarín en capacidad de enfrentar a rivales como Riquelme? (Foto: AFP/ www.copaamerica.com)


7. Lo que pasa con Uribe es que juega con hombres y no con nombres. Falso. En Sudamérica una selección que no sea Argentina o Brasil no puede darse el lujo de prescindir de los pocos nombres que tiene. Decir que Solano no estuvo en Venezuela por algún motivo distinto de la censura dirigencial es un insulto a cualquier lógica elemental. Por otro lado, no hay forma de decir que Uribe juega sin nombres. Alguna vez convocó a Alfredo Carmona cuando estaba sin club; a Francisco Pizarro cuando era tercer arquero de Municipal el año en que este perdió la categoría; a su hijo Julio Edson (camiseta 10 incluida) cuando apenas alternaba en el Deportivo Maldonado de Uruguay; a Jair Butrón y Álex Becerra cuando ni siquiera destacaban en el Alianza Atletico de Lánder Alemán, quien presidía la Comisión Mundialista que pagaba utilidades a cada club que aportaba jugadores a la selección. Eso fue jugar con “nombres” (bien entre comillas). Felizmente esta vez -hasta ahora- no ha llegado a tales extremos.


8. Pizarro les tapó la boca a sus detractores con los goles a Bolivia. Falso. Tampoco se trata de jugar con nombres por encima de los hombres. Un goleador que no hace goles deja de serlo y no puede entenderse como titular fijo. Si juega en el Chelsea y no le anota a Bolivia, tendría una mínima introspección por hacerse. Es cierto: en ese partido apareció cuando se le necesitó. Sería interesante que esa capacidad de desequilibrio se presentara en otro tipo de partidos, ante rivales más acordes con el fuste de su trayectoria europea, aunque ya se lleven ocho años -desde que debutó con la blanquirroja- esperando eso.


¿Se repetirá el festejo de Claudio Pizarro contra Bolivia frente a rivales de mayor peso? (Foto:futbolarg.wordpress.com)


9. Está demostrado que el 5-3-2 es el mejor esquema para Perú ya que cuando usó el 4-4-2 jugó horrible. Falso. Un sistema táctico por sí solo no le gana a nadie. Cuando Perú partió a Venezuela, el comentario predominante era que los zagueros peruanos no sabían jugar en línea de tres y hacerlo era una irresponsabilidad; luego de la goleada a Uruguay, hasta la secretaria recitaba a coro la clave mágica “cinco hombres en el fondo” como receta del éxito. Los esquemas sirven en tanto sean funcionales al rival de turno y se tenga a los hombres idóneos para aplicarlos. Quizá jugar con cuatro centrodelanteros como se terminó contra Bolivia no sea tan estrambótico el día que se juegue un amistoso de solteros contra casados ante San Marino o Tonga; emplear un 4-4-2, la táctica más convencional del fútbol, con De La Haza abriendo un rombo como único volante de marca difícilmente sea viable en algún lugar del mundo.


10. Con este técnico y este equipo, no tenemos posibilidades en las Eliminatorias. Falso. Sobre todo, porque Perú está encuadrado en una serie clasificatoria donde juegan otros equipos que hoy por hoy tienen problemas iguales o peores. El fútbol chileno afronta una crisis generalizada que ha devenido en un escándalo disciplinario de dimensiones que por estos lares no se ven desde los ‘90. El Ecuador mundialista hizo cero puntos en la Copa. Colombia fue humillado por un rival directo en su camino hacia el próximo Mundial (Paraguay) y mostró pocos recambios para algunos nombres de peso que empiezan a despedirse. Muchos se preguntan cómo Uruguay jugando tan mal en la Copa estuvo a punto de disputar la final; una buena razón está relacionada con el peso de las cerca de 10 individualidades con que cuenta. Perú tiene unas tres o cuatro, y con eso le bastó -por ejemplo- para dejar fuera por kilaje a un Bolivia muy animoso pero sin los Etcheverry o Sánchez que hace una década le dieron, justamente, el paso a un Mundial. Entender que lograr ese objetivo no depende solo de méritos o culpas propias es el primer paso para tentar alcanzarlo.